El lenguaje de la ciencia.pdf

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se compromete en uno conmisivo, igual que la oración que afirma algo del
mundo está en un estado ilocucionario aseverativo, la que ordena en un
estado ilocucionario directivo y la que compromete en un estado
ilocucionario conmisivo. La diferencia entre el estado mental y el
ilocucionario es que la intencionalidad de la mente es originaria, primitiva, y,
en el caso del lenguaje, la intencionalidad es secundaria o derivada de la
primera. Pero estructuralmente el lenguaje refleja el estado intencional de la
mente, lo que nos permite decir que quien especifica que podamos decir
que la oración “la puerta está abierta” pertenece al lenguaje de la ciencia es
su pertenencia a la clase de las aserciones y su exclusión, por lo tanto, de
las clases directivas y conmisivas.
La identificación del valor ilocutivo de la expresión lingüística u oración
nos permite, a su vez, revelar un aspecto esencial de ésta: la dirección de
ajuste. Las expresiones u oraciones enunciativas, en general los miembros
de la clase aseverativa, deben corresponderse con un estado del mundo
que es independiente de la expresión y en la medida que lo hacen decimos
de ellas que son verdaderas o falsas. Las expresiones de la clase directiva
o conmisiva no están sometidas a esta exigencia, que Juan desee que la
puerta esté abierta, o que se comprometa a que la puerta esté abierta no
nos dicen nada acerca de si la puerta está abierta o no lo está. Si “la puerta
está abierta” dicha dentro de la clase ilocucionaria aseverativa se
corresponde con el estado del mundo la puerta está abierta, diremos que la
oración es verdadera, si es el caso que la puerta está cerrada diremos que
“la puerta está abierta” es falsa. Quien cambia su valor de verdad es la
oración “la puerta está abierta”, el mundo sigue exactamente igual. Pero si
la oración pertenece a las clases directivas o conmisivas la oración “la
puerta está abierta” no es verdadera ni falsa, sino que es una oración
desdichada, porque no cumple la función social con que se emitió. Si la
puerta está abierta no tiene sentido emitirla a no ser que queramos engañar
a nuestro interlocutor y si la puerta está cerrada quien la recibe como orden
(clase directiva) debe abrir la puerta y quien la recibe como compromiso
(clase conmisiva) debe asegurarse de abrirla. En los dos últimos casos
quien cambia es el estado del mundo, no el valor de la oración.
