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la misma gama de estímulos. Pero ninguna de ellas es equivalente a la mera conjunción “Mira,
un guijarro, y “mira, azul”. Están conectadas de un modo más rígido. Para que la conjunción se
logre basta con que la estimulación nos muestre que cada una de las oraciones observacionales
que la componen se materializa en alguna región de la escena –quizás un guijarro blanco por
aquí, una flor azul por allá. Pero la predicación sitúa las dos materializaciones sobre la misma
región de la escena, exigiéndoles que coincidan o, al menos, que se solapen ampliamente. El
azul debe recubrir el guijarro por completo. No importa si salpica también otras regiones de la
escena, pues la construcción no es simétrica” (Op. Cit.p.21)

Según Quine podemos obviar la limitación del lenguaje observacional al
acuerdo de los testigos y su pertenencia a un subconjunto muy limitado de la
población, como lo es el lenguaje de la ciencia y la noción práctica de
observación, si aceptamos que valga para la comunidad de hablantes en su
conjunto y en beneficio de la intersubjetividad el siguiente criterio único: “será
observable todo aquello acerca de lo cual cualquier testigo se pronunciaría
sobre la marcha obedeciendo únicamente los dictados del lenguaje y de los
cinco sentidos”. Apertrechados con este criterio podemos hacer frente a la
dificultad planteada por la noción de que los términos teóricos están cargados
de teoría, ya que la definición de oraciones observacionales permite distinguirlas
de las demás sin hacer referencia alguna a su supuesta carencia de teoría.
En su origen las primeras oraciones aprendidas del lenguaje están
asociadas como un todo a las gamas de estímulos adecuadas. Los sonidos que
están en estas oraciones lo están como sílabas o palabras libres de teoría, pero
estas mismas palabras volverán a aparecer en un futuro en contextos teóricos.
El hecho de que las oraciones teóricas y las observacionales compartan las
mismas palabras hará posible la conexión lógica entre ellas y la relevancia de
los términos de observación para los términos teóricos. Miradas
restrospectivamente estas oraciones observacionales aparecen como cargadas
de teoría, pero en su origen carecen de ella:
“Una oración observacional cuya palabra más técnica sea ‘agua’ entrará en el mismo
saco que oraciones observacionales que incluyen términos tan técnicos como ‘H2O. Vista
holofrásticamente, esto es, ligada mediante condicionamiento a determinadas situaciones
estimulativas, la oración está libre de teoría; vista analíticamente, palabra por palabra, la oración
está cargada teóricamente”

Es en el contexto experimental donde, probablemente, se evidencia de
manera más aguda la importancia que una teoría recibe de la observación y la
necesidad de que el juicio tanto del mismo sujeto como el intersubjetivo tenga
estabilidad y consistencia en el espacio y el tiempo. Una emisión ocasional de
los testigos confirmada por una circunstancia específica es insuficiente y se