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son fieles a la alianza, y castiga a los impíos. (Doctrina de la retribución)
Pero este convencimiento fue poco a poco puesto en tela de juicio sobre todo en el
libro de Job en el que se nos presenta el sufrimiento de un inocente. A la
pregunta sobre el por qué de su sufrimiento, los amigos de Job contestan con unas
teorías, según la doctrina de la retribución, pero no le dan una respuesta
convincente, mientras él continúa obstinadamente a profesar su inocencia. Solamente
la aparición de Dios, conducirá a Job a reconocer su situación de criatura frente al
Creador, y sólo entonces, después de un largo combate con el mismo Dios, sus ojos
"verán a Aquel del cual había conocido sólo de oídas" (Cf. Job 42,5). También en este
caso el sufrimiento de Job, aunque humanamente inexplicable a la luz de la doctrina
de la retribución, ha sido una ocasión de un encuentro personal con Dios.2222 Así
habla de esto el Papa Juan Pablo II en su Carta:
"Job, sin embargo, contesta la verdad del principio que identifica el
sufrimiento con el castigo del pecado y lo hace en base a su propia
experiencia. En efecto, él es consciente de no haber merecido tal castigo, más
aún; expone el bien que ha hecho a lo largo de su vida. Al final Dios mismo
reprocha a los amigos de Job por sus acusaciones y reconoce que Job no es
culpable. El suyo es el sufrimiento de un inocente; debe ser aceptado como
un misterio que el hombre no puede comprender a fondo con su inteligencia... Si
es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a
la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea
consecuencia de la culpa y tenga carácter de castigo... 23 Si el Señor
consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace para demostrar su justicia.
El sufrimiento tiene carácter de prueba. (SD 11)
Otra figura emblemática que prefigura la pasión-muerte de Cristo en vista de su
Resurrección es el Siervo de Yahveh. Isaías habla de de él en sus Cantos del siervo de
Yahveh: vemos a un inocente, que no combate con Dios como Job para obtener una
respuesta, sino que como cordero llevado al matadero se deja conducir al sacrificio.
El toma sobre sí mismo nuestros pecados, nuestras dolencias, y a los ojos de todos
parece castigado por Dios, pero en realidad él ofrece su sufrimiento y su vida para la
salvación de las muchedumbres. Tocamos aquí el punto cumbre de la revelación de
Dios sobre el sentido salvífico del sufrimiento en el Anti guo Testamento. El sufrimiento
ya no tiene solamente un significado pedagógico para conducir al pueblo a retornar a Dios,
a la conversión, sino que en el Siervo de Yahveh adquiere un valor de salvación para los
demás.
Será en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre "por nosotros los hombres y por nuestra
salvación", que resplandecerá en plenitud el sentido salvífico del sufrimiento.
Después de esta breve mirada al Antiguo Testamento, retomamos ahora el texto
de la carta "Salvifici Dolores" del Papa Juan Pablo Para comprender cuanto expone el
Papa es importante tener presente la situación de pecado, del que había de liberamos el
Salvador prometido. En la Carta Encíclica sobre el Espíritu Santo, comentando la acción del
Espíritu Santo que habría "convencido al mundo en lo referente al pecado, al juicio y a la
justicia", el Papa Juan Pablo II afirma:
El pecado: la desobediencia
Por falta de tiempo es imposible exponer la figura de Job, muy actual para nosotros. Una exposición muy rica
sobre el libro de Job a la luz de Jesucristo es la de Emiliano Jiménez Hernández, Job, crisol de la Grafite
ediciones, Baracaldo 1999. Óptimo es también el libro de Gianfranco Ravasi, Giobbe, traduzione e commento,
Borla 2005.
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Jesús reacciona contra una interpretación unívoca y demasiado rígida del vínculo entre pecado y enfermedad:
A los discípulos que le preguntaban a la vista de un ciego de nacimiento «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus
padres, para que haya nacido ciego?» Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se
manifiesten en él las obras de Dios». (Jn 9, 1ss)
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