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camino en que clamor divino puede manifestarse en la forma más total, es
igualmente el camino por el que el amor humano de Cristo puede llegar a
su máxima expresión: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus
amigos" (Jn 15,13) (Jean Galot, ¿por qué el sufrimiento?, p. 151)
Por eso La Carta a los Hebreos explicita:
"Por tanto, así como los hijos participan de la sangre y de la carne, así también
participó él de las mismas, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte,
es decir, al Diablo, y libertar a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida
sometidos a esclavitud... Pues, habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar
a los que se ven probados" (Hb 2,14ss).
La verdadera respuesta al "por qué" del sufrimiento, en la revelación del amor
divino
"Pero para poder percibir la verdadera respuesta al «por qué» del sufrimiento,
tenemos que volver nuestra mirada a la Revelación del amor divino, fuente
última del sentido de todo lo existente. El amor es también la fuente más rica
sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio; somos
conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones.
Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el «por qué» del
sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor
divino... El Amor es también la fuente más plena de la respuesta a la
pregunta sobre el sentido del sufrimiento Esta pregunta ha sido dada por Dios al
hombre en la cruz de Jesucristo. (SD 13)2424
El sufrimiento en la dimensión de la Redención
«Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que
crea en Fi no perezca, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16).
Estas palabras, pronunciadas por Cristo en el coloquio con Nicodemo, nos introducen
al centro mismo de la acción salvífica de Dios... Salvación significa liberación del
mal, y por ello está en estrecha relación con el problema del sufrimiento. Según
las palabras dirigidas a Nicodemo, Dios da su Hijo al «mundo» para librar al
hombre del mal, que lleva en sí la definitiva y absoluta perspectiva del
sufrimiento. Contemporáneamente, la misma palabra «da» («dió») indica que
esta liberación debe ser realizada por el Hijo unigénito mediante su propio
sufrimiento. Y en ello se manifiesta el amor, el amor infinito, tanto de ese 1lijo unigénito como del Padre, que por eso «da» a su Hijo. Este es el amor hacia
el hombre, el amor por el «mundo»: el amor salvífico.
Nos encontramos aquí ante una dimensión completamente nueva de nuestro
tema. Es una dimensión diversa de la que determinaba y en cierto sentido encerraba la
búsqueda del significado del sufrimiento dentro de los límites de la justicia.
Esta es la dimensión de la redención, a la que el Antiguo Testamento ya parecía
ser un preludio... Las palabras antes citadas del coloquio de Jesús con Nicodemo
se refieren al sufrimiento en su sentido fundamental y definitivo. Dios da su Hijo
El Papa Benedicto XVI en la Carta Encíclica "Deus Caritas est", dice así: "Cuando Jesús habla en sus
parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma,
del Padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras
palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz
se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre
y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado
traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el
punto de partida de esta Carta encíclica: «Dios es amor» (I Jn 4, 8). Es allí, en la cruz,
donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el
amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su
amar" (n. 12).
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