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unigénito, para que el hombre «no muera»; y el significado del «no muera» está
precisado claramente en las palabras que siguen: «sino que tenga la vida eterna».
El hombre «muere», cuando pierde «la vida eterna». Lo contrario de la salvación
no es, pues, solamente el sufrimiento temporal, cualquier sufrimiento, sino el
sufrimiento definitivo: la pérdida de la vida eterna, el ser rechazados por Dios, la
condenación.
El Hijo unigénito ha sido dado a la humanidad para proteger al hombre, ante todo, de
este mal definitivo y del sufrimiento definitivo. En su misión salvífica El debe, por tanto,
tocar el mal en sus mismas raíces transcendentales, en las que éste se desarrolla en la
historia del hombre. Estas raíces transcendentales del mal están fijadas en el pecado y
en la muerte: en efecto, éstas se encuentran en la base de la pérdida de la vida
eterna. La misión del Hijo unigénito consiste en vencer el pecado y la muerte. El vence el
pecado con su obediencia hasta la muerte, y vence la muerte con su resurrección".
(SD 14)
Cristo por medio de su cruz toca las raíces del mal y nos salva
"Cristo va hacia su pasión y muerte con toda la conciencia de la misión que ha de
realizar de este modo. Precisamente por medio de este sufrimiento suyo hace posible
«que el hombre no muera, sino que tenga la vida eterna». Precisamente por medio
de su cruz debe tocar las raíces del mal, plantadas en la historia del hombre y en las
almas humanas. Precisamente por medio de su cruz debe cumplir la obra de la
salvación. Esta obra, en el designio del amor eterno, tiene un carácter redentor".
(SD 16)
El poema del Siervo sufriente
"El Poema del Siervo doliente contiene una descripción en la que se pueden
identificar, en un cierto sentido, los momentos de la pasión de Cristo en sus
diversos particulares: la detención, la humillación, las bofetadas, los salivazos, el
vilipendio de la dignidad misma del prisionero, el juicio injusto, la flagelación, la
coronación de espinas y el escarnio, el camino con la cruz, la crucifixión y la agonía.25
Más aún que esta descripción de la pasión nos impresiona en las palabras del
profeta la profundidad del sacrificio de Cristo. El, aunque inocente, se carga
con los sufrimientos de todos los hombres, porque carga con los pecados de todos.
«Yahveh cargó sobre él la iniquidad de todos»: todo el pecado del hombre en su
extensión y profundidad es la verdadera causa del sufrimiento del Redentor.
En su sufrimiento los pecados son borrados precisamente porque únicamente Él,
como Hijo unigénito, pudo cargarlos sobre sí, asumirlos con aquel amor hacia el
Padre que supera el mal de todo pecado; en un cierto sentido aniquila este mal
en el ámbito espiritual de las relaciones entre Dios y la humanidad, y llena este
espacio con el bien.26
Encontramos aquí la dualidad de naturaleza de un único sujeto personal del
sufrimiento redentor. Aquél que con su pasión y muerte en la cruz realiza la
Redención, es el Hijo unigénito que Dios «dio». Y al mismo tiempo este Hijo de la
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Cristo actualmente es glorificado y ya no sufre más, y toda nuestra vida de fe, nuestra oración y
nuestra contemplación se refieren siempre al Cristo real, que actualmente está en rente de nosotros,
es decir, al Cristo glorioso... a pesar de esto la meditación de los hechos y estados de la vida
terrenal de Jesús es posible y es razonable. Nosotros no vemos al Cristo Glorioso, él se revela a nosotros
solamente a través de los hechos pasados, descritos en el Evangelio; el influjo actual del Espíritu es
precisamente recordar e interpretar a través de estos hechos, el amor de Cristo que nos salva, tal
como se manifestó en los "misterios" de su vida terrenal, y permanece actualmente. "Jesucristo es el
mismo ayer, hoy y siempre" (Hb 13,8). Flick-Alszeghy, ob. cit. p. 363.
En este texto el Papa Juan Pablo II indica que el sufrimiento más grande de Jesucristo, aun
más que en su crucifixión, se da en el Getsemaní. Normalmente la agonía marca el último
momento antes de morir, en Jesucristo acontece en la agonía del Getsemaní, antes de la
crucifixión, como el Papa explicita más adelante.
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