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nuestro imperfecto conocimiento de esta metamorfosis. Cristo no explica con palabras,
sino con acciones, el misterio de esta transfiguración futura.92
Los Padres de la Iglesia dieron relieve a esta verdad ensañándonos que no existe el cielo
en su forma perfecta sin la comunión de todos los beatos. Lo mismo nos dijeron San
Agustín y San Ambrosio, según los cuales en el cielo volveremos a ver a los amigos
de un tiempo. San Jerónimo (ca. 347-420) añadió que en la comunidad celeste los
beatos se encuentran con personas que no conocían, y su amistad les hará felices
como nunca sucedió en la tierra. La soledad total es una característica fundamental del
infierno, mientas que en el cielo reina la comunión.
En el cielo los beatos mantendrán enteramente su propia individualidad y el "yo" no se
fundirá con el "tú", los vínculos interpersonales existentes durante nuestra historia
serán purificados, y se volverán perfectos. Solamente en el cielo nuestra
personalidad alcanzará la plenitud auténtica establecida por Dios en el momento de
la Creación, y cada uno de los elegidos se alegrará por la realización del deseo divino de
ser a su "imagen y semejanza" (Gn l, 26).9393
La participación en la vida divina es por sí misma una realidad "sensible y progresiva" y
no puede más que llevar a la plenitud del gozo, el cielo, corno está expresado en lo
que encontramos sobre esto en la Carta a los Hebreos. Lejos de ser un elemento
que despiste del empeño de un: transformación de la historia, la esperanza cristiana
es una fuente de dinamismo que crece día a día, en cuando que se apoya en la
comunión de la vida divina que de por sí misma, siendo el sumo bien, tiende a
difundirse. El cielo, sobre el ejemplo de la encarnación del Verbo, quiere tonificar toda
la realidad en cuanto que toda la tierra tiene un único "destino": la comunión, en
modos diversos, con la vida de Dios (Rin 8,19s).94

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lbíd., p.194.
Ibíd., p. 225
94
La esperanza de los cristianos, Ettore Malnati, Paulina, Milán 2003, p. 125.
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