ELVALORSALVIFICODELSUFRIMIENTO.pdf


Vista previa del archivo PDF elvalorsalvificodelsufrimiento.pdf


Página 1...39 40 4142

Vista previa de texto


41

activa, libre de toda privación, en la pura ale ría de lo creado, en el pleno conocimiento y
felicidad eterna.89
g

El cielo no indica una condición rígida, sino que significa estar "donde Dios", "con Dios", y
por tanto un continuo crecimiento, significa "ingresar" en Dios. Porque Dios es por
su esencia sin límite, es necesario que nuestra comunión con él sea ilimitada y capaz de
recibir siempre más.90
Nuestra salvación en el cielo será en comunidad
Así como nuestra redención se realiza en la comunidad histórica, será en una
comunidad donde experimentaremos la salvación en la vida futura en el cielo. En el
cielo no estaremos solos, sino felices por la presencia de otros. En su significado más
pleno, una comunidad así es la de la Iglesia, en cuyo interior la renovación del hombre
y del mundo ha tenido ya lugar porque sus miembros participan de la gracia de la vida
eterna, si bien todavía incierta, y de las alegrías prometidas después del final de la vida
terrena. "La comunión última y eterna con Dios —enseña el Catecismo Católico de los
Adultos- no significa aislamiento, al contrario se basa en la perfecta comunión de los
santos. "La vida eterna consiste, también, en la amable compañía de todos los
bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás
bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a
los demás como a sí mismos y, por esto, se alegrarán del bien de los demás
como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados
con el gozo de todos" (De la Conferencia sobre el Credo de Santo Tomás de Aquino,
Sábado XIX Sett. Ario II).
La salvación de Cristo ya es conocida por nosotros, vivida y experimentada en la
fe
La plenitud que esperamos, y que s el objeto de la escatología cristiana es una plenitud ya
poseída, en primicia pero de manera real. No podríamos en modo alguno esperar en
aquello de que no tenemos ninguna idea. Pero la salvación de que Cristo es ya conocida
por nosotros y vivida y experimentada en la fe, en las diversas manifestaciones de la vida
de la Iglesia, en especial en la celebración de la eucaristía. K. Rahner ha hablado de
escatología como la transposición del presente a su plena realización. El señorío de
Cristo sobre todas las cosas es real y eficaz a partir de su resurrección, pero no se ha
manifestado todavía completamente en nosotros. De ahí la tensión entre el presente y
el futuro típica de la escatología cristiana, que recorre todo el Nuevo Testamento.
Si la vida futura no está en simple continuidad con la presente, no debernos olvidar que
depende de ella. Es en este mundo transitorio donde se decide nuestra suerte eterna.
Por esto nuestro esfuerzo en el mundo que pasa adquiere un valor trascendente. Ruptura
y continuidad han de ser, por tanto, afirmadas a la vez91.
En el cielo todo lo que hemos vivido será transfigurado
La felicidad del cielo será tan rica como lo ha sido la vida terrena del hombre, de la
cual nada se perderá, ya que todo será transfigurado, se volverá perfecto y
santificado. Se puede, por tanto, decir que entrarnos en el cielo con todo nuestro
inundo presente, que participará, mudado, de la nueva vida. ¿De qué forma sucederá?
"Ahora vernos como en un espejo, de forma confusa; pero entonces veremos cara a
cara. Ahora conozco de modo imperfecto, pero entonces conoceré perfectamente,
como soy conocido" (1Co 13,12). Con estas palabras el Apóstol quiere decirnos que
solamente la obra de Cristo, ascendido al cielo con su cuerpo, puede explicar
89
90

El cielo, p. 232.

Ibíd..., p. 233, L. Boros enseña que el crecimiento interior de los bienaventurados en el cielo alcanzaría su fin
solamente cuando la naturaleza humana se identificase totalmente con la naturaleza de Dios, cosa Imposible,
porque "Dios es inconmensurablemente e inagotable en su grandeza, y por tanto el proceso de unión con
Dios es una dialéctica que dura eternamente. Un continuo devenir en una plenitud sin límites –ésta es la
estructura de la bienaventuranza eterna.
91
lntroducción a la antropología teológica, Luis F. Ladaria, p. 170-171.