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nueva condición, es "espiritual" pneumático.
Si se reflexiona sobre la importancia que la física moderna atribuye a la
forma en la estructura de la materia, y se considera el poder sobre la
vida física que la medicina reconoce al elemento espiritual, entonces el
cuerpo aparece confiado al espíritu en una medida que no habríamos podido
prever.84
"El resucitado no será otro respecto a aquel que murió, sino, según el parangón de
la semilla, resultará de la misma identidad pero transformado: no más mortal,
sino inmortal, no ya "carnal" sino animado por el Espíritu... El cuerpo de la
resurrección tendrá la misma identidad esencial-personal, y no material, en
relación con aquella que era en la existencia espacio-temporal. En efecto, no se
puede confundir identidad corpórea con identidad m ater ia l. La biolo gía no s
re cue rda que l a mater ia del cuer po se tr ansfor ma periódicamente
en un sujeto, y aún así mantenemos la misma identidad. Con la
resurrección seremos transformados en nuestra corporeidad, pero no alterados en
nuestra individualidad... Es necesario tener bien claro que no hay que
confundir identidad corpórea con identidad material... Así será para el
hombre la resurrección de la carne. Su corporeidad no será material, sino que
tendrá por sí misma la característica de la relacionalidad y del
conocimiento identitativo. Fuente y modelo de la resurrección de los creyentes
es Cristo: "Él transformará nuestro cuerpo mortal en su cuerpo glorioso" (Fil
3,21). Es a la luz del "primero entre los resucitados" como podemos hacernos una
idea de la naturaleza del cuerpo resucitado" (Introducción a la antropología
teológica, Luis F. Ladaria, Piemme, VI Edizioni, 2002; p. 58-61).
En la vida futura el hombre... también el mundo entero
En la vida futura el hombre no poseerá solamente cuerpo y alma, sino también el
mundo entero. Este pensamiento estaba difuso entre los hebreos que acogieron la
revelación de la verdad sobre la resurrección, creyendo que la resurrección futura
habría correspondido al hombre entero, pero no retenía como necesario
considerar la idea de una resurrección separada del alma y del cuerpo.
Solamente en el periodo más tardío, en particular bajo el influjo del dualismo
de la filosofía griega, los escritores cristianos quisieron subrayar de manera
decisiva que también el cuerpo del hombre resucitaría para la vida eterna. La
Iglesia retomó más veces estas reflexiones. Así, por ejemplo, el Catecismo de la
Iglesia Católica dice: "Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y
mis pies; soy yo mismo" (Lc 24,39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del
mismo modo, en Él "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora",
pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo glorioso" (Flp 3,21), en "cuerpo
espiritual" (1Co 15,44) (CCC 999).
El cuerpo con el que resucitaremos será nuestro cuerpo, no será un cuerpo
hecho de aire, sino el cuerpo en el que vivimos y con el que nos
movernos.85 Esta declaración contradice la separación dualística del cuerpo del
hombre, o la idea de una transformación del cuerpo en algo incorpóreo, en puro
espíritu o en cualquier sustancia volátil. Al contrario, la Iglesia constata sin
sombra de duda que el cuerpo resucitado será idéntico al cuerpo terreno, será el
cuerpo del mismo hombre.86
En el cielo no hay inmovilidad, sino constante dinamismo y novedad en Dios
84

Ibíd. p. 70

ll cielo, Zdzislaw Kijas, Cittá Nuova, 2005, p.226.
Ibíd., nota 13. Cfr. Joseph Ratzinger- Johann Auer, Escatologia, morte y vita eternal, Cittadella,
Assisi 1979.
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