ELVALORSALVIFICODELSUFRIMIENTO.pdf

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queremos reducir el cristianismo a un mezquino "geocentrismo", debemos volver a
encontrar la inspiración del diseño creador de Dios que quiere "recapitular"
y transfigurar los seres visibles e invisibles en Cristo.
"La Iglesia... no será llevada a su plena perfección sino en la
gloria del cielo, "cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las
cosas" y cuando, con el género humano, también el universo entero, que
está íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin, será
perfectamente renovado en Cristo... La plenitud de los tiempos ha llegado, pues,
hasta nosotros y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y
empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente" (Lumen Gentium,
48).
En cuanto al saber sobre cuándo y cómo Dios cumplirá esta renovación única
del hombre y del universo, unido a la manifestación final de Cristo, en rigor
no sabemos nada. Su escenario se esfuma. Del mismo modo que somos
incapaces de imaginar el mundo nuevo de la comunión generalizada y de la
reciprocidad total.
La fe cristiana, a propósito del inicio y del fin del mundo, no es ni cronológica ni
descriptiva. El cristiano cree simplemente que existe una relación estrecha entre
Dios y la creación, entre Dios y la historia de la humanidad, entre Dios y la
existencia de cada uno de nosotros.78 (El más allá)
El significado de la doctrina cristiana sobre el cuerpo
Desde el final del Medioevo en el pensamiento humano se han evidenciado dos
polos de atracción: por un lado la simple materia, por el otro el puro
espíritu – y precisamente bajo la forma de la razón. Esta tensión produjo
efectos poderosos, entre los cuales el nacimiento de la ciencia y de la
técnica moderna. Pero se perdió la corporeidad vital, vivificada por el alma,
y la espiritualidad encarnada, visible, imagen y símbolo. Es más, se perdió
el hombre – y, con él, la realidad.
Cuanto se ha dicho es útil también para comprender el' cristianismo.
También la vida cristiana se ha desviado por una parte por la esfera
abstracta espiritual, por otra en la material eficientista, y el hombre, la
forma vital, imagen y símbolo han palidecido. Pero a este punto se perfila un
cambio. Nosotros sabemos que no es "Dios en sí mismo" quien determina en modo
decisivo la conciencia cristiana, sino el Dios hecho hombre, Jesucristo. Sabemos
que no está en juego la salvación del "Espíritu" o del "alma", sino del
hombre viviente y con él del mundo; el "hombre nuevo" (Rm 6, 4-6), un
"nuevo cielo y una nueva tierra" (Ap 21, 1).79
Por lo que respecta a Dios, es bueno clarificar qué significa que él se haga hombre;
que después de la muerte de Cristo permanezca hombre por medio de la
resurrección; que la humanidad de Cristo en Dios se siente: "a la derecha del
Padre" por los siglos de los siglos sobre el trono de la gloria eterna...
Por todo esto nuestra existencia cristiana recibe una nueva impronta: adquiere nueva
concreción y vitalidad frente al hombre y las cosas. Se vuelve realidad. Recibe un
nuevo calor. El corazón,8080 no el "espíritu" se convierte en la fuerza
78
79
Ibíd. pp. 196-197
Ibíd..., p. 76. Una breve nota: La frase de Marcos 8, 36 mas veces citada es traducida casi siempre:
"Pues, ¿de que le sirve al hombre ganar el inundo entero si arruina su vida?". En la palabra griega
psyche confluyen el significado de alma como principio de la vida y de la vida misma. No pretendemos
subrayar una finura filológica, sino constatar que Jesús no es un espiritualista, Lo que nos interesa no
es el "alma", sino el hombre. La preocupación por la sola alma era de los gnósticos en la antigüedad y de
los espiritualistas en la edad moderna.
80
La Biblia de Jerusalén en el versículo Gen. 8, 21 "Al aspirar el Señor el calmante aroma, dijo en su
corazón: "nunca mas volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón
