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sido ele ida por razones contrarias a la doctrina cristiana" (c. 1176 § 3).
g

No puede pasar desapercibida a nadie la relación que une las exequias eclesiásticas
á la típica costumbre de la Iglesia de sepultar los cuerpos de los difuntos sobre la cual nos
hemos ya detenido largamente...El CIC del 1983 atribuye a la costumbre de sepultar los
cuerpos de los fieles difuntos la máxima importancia, y consolida la fuerza normativa con
normas bien precisas.
En el derecho y en la praxis es confiada a los obispos de la Iglesia una mejor tutela de la
costumbre de sepultar los cuerpos de los fieles difuntos. Se trata realmente de una
costumbre y de una exigencia sentida particularmente, antes que nada desde
el punto de vista pastoral. Los obispos diocesanos por tanto, deben respetar, en el
ámbito de la propia competencia, la costumbre ya vigente75.75
EL CIELO
Hemos llegado al punto final de la catequesis sobre la enfermedad, la vejez y la muerte: El
Cielo.
En realidad, como hacia presente al comienzo, el cielo constituye el punto de llegada
de nuestro vivir en la tierra, y es por este punto de llegada, por El Cielo, que toma
luz y significado el sufrimiento: la enfermedad, la vejez y la muerte.
En todos los pueblos ha existido siempre una esperanza y una proyección de la vida
después de la muerte que responde al "germen de eternidad que lleva en si mismo" (GS
18).
Pero es en el cristianismo donde la resurrección de la carne, fundada en la
resurrección de Cristo, entra en la perspectiva de después de la muerte. Ya en el
pueblo elegido estaba madurada esta conciencia especial en el libro de los Macabeos,
pero será la resurrección de Cristo de la cual los apóstoles son testigos oculares y
propagadores mediante la predicación, la que funda nuestra esperanza, y
constituye el corazón de nuestra profesión de fe (el Credo).
Aunque el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que "este misterio de comunión
bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo sobrepasa toda
comprensión y toda representación" (CCC. 1027), sin embargo la reflexión
teología de la Iglesia a lo largo de los siglos ha ido progresivamente penetrando
este misterio y ha explicitado algunos aspectos de la vida del Cielo que en cierta
medida ya podemos conocer hasta ahora.
San Agustín comentado el versículo 4 del salmo 27 "Una cosa he pedido al Señor, una
cosa estoy buscando: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida,
para gustar la dulzura del Señor y cuidar de su templo" dice: "El Espíritu de
Dios...incita a los santos a que intercedan con gemidos inefables, inspirándoles el
deseo de aquella realidad tan sublime que aun no conocernos, pero que esperarnos
mediante la esperanza. Si no ¿Cómo se puede hablar cuando se desea lo que ignoramos?
Ciertamente que si lo ignorarnos del todo no lo desearíamos; pero, por otro lado,
si ya lo viéramos no lo desearíamos ni lo pediríamos con gemidos inefables."
(De la carta a Proba, XXlV Semana, Viernes).
Teniendo presente, pues, que la realidad del cielo será al mismo tiempo diversa y
también similar de lo que nosotros hoy podemos pensar o imaginar, tratare de exponer
algunos aspectos, sea para desmontar falsos prejuicios difundidos en la mentalidad
común sea porque, como dice San Pablo "buscad las cosas de arriba, 76 donde esta
75
76

Las cosas ultimas, Romano Guardini, ed. Vita e Pensiero, Milan 1997, Pp. 197-199

El Papa Benedicto XVI en el Ángelus de la fiesta de la Asunción de la Virgen María al-Cielo dijo: "María es
ejemplo y apoyo para todos los creyentes: nos impulsa a no desalentarnos ante las dificultades y los inevitables
problemas de todos los días. Nos asegura su ayuda y nos recuerda que lo esencial es buscar y pensar "en
las cosas de arriba, no en las de la tierra" (cf. Col 3, 2). En efecto, inmersos en las ocupaciones diarias,
corremos el riesgo de creer que aquí, en este mundo, en el que estamos sólo de paso, se encuentra el fin