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Cristo sentado a la derecha de Dios" (Col 3, 1) "nos consolamos mutuamente" (l Tes
4,18).
Otras veces hemos considerado en estos años en las catequesis de inicio de curso el
hecho que si bien la Revelación está completa, desde el libro del Génesis al
Apocalipsis, transmitida por la iglesia, por los Padres y por el Magisterio, sin
embargo la comprensión de la Revelación está siempre en desarrollo bajo la
asistencia del Espíritu Santo. En este sentido también el Concilio Vaticano II ha
marcado un paso adelante respecto a las cosas ultimas: "los novísimos". Hubo una
renovada explicación de la muerte, juicio, infierno, purgatorio y paraíso hecha presente por
el Papa Juan Pablo II en sus catequesis, pero ya el mismo Ratzinger en su libro
"Escatología" presenta las realidades ultimas en una perspectiva mas personalista.
En las Catequesis en preparación del gran jubileo de la redención del año 2000, el Papa
Juan Pablo II afirmaba:
"En el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la «bienaventuranza» en
la que nos encontraremos no es una abstracción, ni tampoco un lugar físico
entre las nubes, sino una relación viva y personal con la santísima
Trinidad. Es el encuentro con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado
gracias a la comunión del Espíritu Santo.
Es preciso mantener siempre cierta sobriedad al describir estas "realidades
últimas", ya que su representación resulta siempre inadecuada. Hoy el lenguaje
personalista logra reflejar de una forma menos impropia la situación de
felicidad y paz en que nos situará la comunión definitiva con Dios."
La resurrección: restauración global en Cristo
Lo que es seguro es que en un mundo en el que la ciencia ha ampliado
mas que nunca los horizontes de la humanidad, en el espacio como
en el tiempo, debemos volver a pensar una cosmología y una
metafísica cristianas fundadas en la encarnación y resurrección de
Cristo. Nuestro universo ha sido concebido por Dios para transformarse, un día,
en Tierra Nueva en sintonía con el esplendor de los cuerpos resucitados.
La esperanza del cristiano en el siglo XXI no puede solo contentarse con un
discurso escuchimizado y debe volver a encontrar toda su amplitud.77
La encarnación-resurrección de Cristo no es un incidente histórico,
aislado, sino un evento cósmico que engloba la aventura del universo así como
nos la revela la ciencia y un evento metacósmico puesto que depende de un acto
creador de Dios.
Porque Dios, en Cristo, ha transfigurado toda la humanidad, la resurrección no
puede ser una aventura puramente individual, "privada". Nuestro "cuerpo
de resurrección" no se puede considerar aisladamente, fuera de sus relaciones con
la humanidad y el universo renovados.
Cuanta más se dilata el universo, más la mirada del hombre se amplia, y más el
Cristo Pantocrátor debe iluminar la fe y la esperanza de los cristianos. Si no
último de la existencia humana, En cambio, el cielo es la verdadera meta de nuestra peregrinación terrena.
¡Cuán diferentes serían nuestras jornadas si estuvieran animadas por esta perspectiva! Así lo
estuvieron para los santos: su vida testimonia que cuando se vive con el corazón constantemente
dirigido a Dios, las realidades terrenas se viven en su justo valor, porque están iluminadas por la verdad
eterna del amor divino." (Papa Benedicto XVI, Ángelus de la Asunción de la Virgen María 2006).
R. Guardini, Op. Cit. Estamos todavía bastante ligados a la representación espacial del mas allá,
heredada del medioevo, centrada casi exclusivamente en el individuo que se mueve "lugar" a
otro, donde el mas allá no se sitúa para nada en el interior de un vasto diseño universal de Dios
y donde la vida eterna no tiene ninguna dimensión cósmica. Santo Tornas, por ejemplo, excluye
las plantas y los animales que serán destruidos. El ser humano se concibe no como miembro de la
humanidad y como elemento del universo, sino únicamente como individuo.
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