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El paraíso además será "sin fin y sin aburrimiento (sine fastidio)", escribe
san Agustín. Esta es una certeza consoladora. Sin embargo, notamos que, de
tanto en tanto, vuelve en cualquier escritor esta curiosa y extraña concepción de
la vida bienaventurada en el cielo. Entre estos se incluyen también Miguel de
Unamuno (1864-1936), escritor y profesor de literatura griega de la Universidad
de Salamanca, quien declara: "El cielo de la gloria eterna es también el lugar
del aburrimiento eterno". Es extraño que se hagan estas afirmaciones... Se
piensa en el paraíso corno una inmóvil contemplación que, a la larga, se vuelve
estancada y aburrida. ¡Nada más falso que esta concepción! El alma en el
paraíso posee a Dios, que es infinito amor e infinita paz y no desea poseer otra
cosa, Dios es también infinita novedad, y siempre nuevo, tiene infinitas
sorpresas por toda la eternidad.
Dios de hecho es siempre nuevo porque no puede ser agotado por la
creatura. Permanece válido al respecto la enseñanza de los escolásticos los
cuales, con lenguaje claro y preciso, hablan de la bienaventuranza en perenne
dinamismo y añaden que el alma posee todo Dios, pero no posee totalmente,
y por tanto el hombre nunca es capaz de agotar su infinita riqueza: "Videtur Deus
totus, sed non totaliter (se verá todo Dios pero no totalmente)". La visión de Dios
es una aventura con el lema de lo imprevisto y lo imprevisible, es el gozo
pleno en Dios y, al mismo tiempo, Dios trasciende la creatura.
"El aburrimiento, sin embargo, nace del hecho que el objeto del que el hombre
goza es finito y no puede satisfacer la exigencia de infinito que está en él, por el
que busca algo más: nace, por tanto, del hecho de que en el mundo de lo creado lo
nuevo es siempre limitado y por eso llega pronto al aburrimiento. Hay todavía
experiencias que pueden darnos alguna idea del paraíso. La de la belleza, por
ejemplo: no se cansa nunca uno de ver una cosa bella, un rostro humano, una
obra de arte, una flor. Mejor todavía: la experiencia del amor: dos enamorados
no se cansan nunca de contarse su amor y descubren en sus personas y en sus
amores cosas nuevas. Ahora Dios-Trinidad es infinita Belleza e infinito Amor."87
Muy sabiamente el Nuevo Testamento nos presenta esta vida en Dios, en la que
se está siempre juntos para una fiesta sin fin, recurriendo a una rica variedad de
imágenes.88
En el cielo permanece nuestra condición de creaturas
Además, viviendo la experiencia de la comunión en Dios y con Dios en el paraíso, no se da
la superación de nuestra creaturalidad, no se anula la radical diferencia entre el Creador
y la creatura como para pensar en una identificación con Dios. ¡Nada de eso! Dios
permanece Dios y el hombre permanece hombre con sus insuperables límites y su finitud
natural.
Por tanto "los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre" (Mt 13,43).
El hombre continuará creciendo en la caridad de Dios. Es como si los bienaventurados
caminaran desde la vida hacia la vida, desde el gozo hacia el gozo, desde la caridad hacia
la caridad, desde la claridad hacia la claridad, del estupor al estupor, en la medida en que
se hacen cada vez más capaces de penetrar el misterio de Dios, del hombre y del
universo".
...Entonces se realizará la perfección, que sin embargo no indicará el fin, sino una vida
87

¿Existe el más allá?, Ubaldo Terrinoni, EDB, Bologna 2006, pp. 193-194.

Reino de los cielos": Mt 5,10.19:721; 3.21: 13,43: ecc.; "Bodas": Mat 25,1-10; Lc 12,36: Ap
19.7.17; "Banquete": Mt 22.2: 25,21; 26,29; Mc 14,2s; "Vida eterna": Mt 19,16.29; 20,46; Mc
10,30; Lo 16,9; "El nombre nuevo"; Ap 2,17; 3,12; 14,1; 15,5; "Jerusalén celeste": Gal 4,26;
Hb 12,22; Ap 3,12; 21,2.9-17; "Paraíso": Lc 23,43: 2Co 12,4; Ap 2,7; "Árbol de la vida": Ap 2,7;
2,2,14.
88 "