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La respuesta del naturalismo ético
"Bajo esta denominación, se esconde una pseudomoral muy en boga en nuestros días,
y que goza de gran aceptación en nuestra sociedad, centrada en la satisfacción y el
emotivismo, la cual es, en realidad, una trampa para las personas. Nos estamos
refiriendo al naturalismo ético, según el cual se considera el bien del hombre
limitado a su naturaleza, y la acción como un simple despliegue de sus
capacidades naturales, que la van perfeccionando."
"El hombre no sería sino el resultado de un cúmulo de influencias físicas,
fisiológicas y sociológicas que le determinan y hacen de él una pieza más de la
naturaleza".13 La acción humana se entiende como el mero ejercicio de las
facultades naturales, quedando al margen tanto el dominio de la persona sobre las
mismas, como la implicación, en el sentido moral del que tratamos, de tal persona en su
actuar.
El hombre guiado por el naturalismo vive engañado en la identificación del bien
con el placer y del mal con el sufrir, alumbrando una sociedad emotivista y
sensitivista cuya filosofía es la vivencia del momento y cuya referencia ética es el
relativismo moral, «se gún el cual las normas que expresen obligaciones morales
no poseen validez universal, sino limitada a contextos históricos o culturales
determinados».14
De ahí que el sufrimiento sea considerado absolutamente como algo negativo... El
problema es que en esta dinámica son arrastrados, en primer lugar, los más débiles
según la naturaleza, como es el caso de los enfermos, los ancianos, los minusválidos
(denominación según la cual el valor de una persona se «mide» exclusivamente en función
de características físicas o psíquicas) o los niños, incluso aquellos aún no nacidos.15
El error está en no ver que el gozo, el placer e incluso la felicidad, no son fines en sí
mismos, sino una consecuencia que aparece acompañando al verdadero fin de una
acción; ser feliz no es igual a sentirse bien, a un estado de satisfacción desvinculado
de todo tipo de problemas, sino que hace referencia a la plenitud de la vida, a participar
del bien que me precede y guía mis acciones.16
Las consecuencias del naturalismo moral son desastrosas porque, como se ha visto, la
negación de la intencionalidad última causa la frustración existencial.17
La alegría es algo más profundo que el placer, y puede acompañar
perfectamente al esfuerzo, al trabajo e incluso al sufrimiento, según el sentido
que cada persona vaya descubriendo en su experiencia de ellos a lo largo de su vida.
De hecho «el ideal de la vida sin dolor, la ilusión de la insensibilidad, destruye en el
hombre hasta sus mismos órganos perceptivos".18
Consecuencias para los enfermos en los hospitales de hoy:
Ignacio Serrada Sotil, ob. cit. P. 15. J. García — Campayo, "la enfermedad y el sentido del
sufrimiento": Cuadernos de bioética, 7 (1996).
12
13
Ibid., p. 46 F. Blázquez — A. Devesa — M. Cano, Diccionario de términos éticos, Verbo Divino, Estella 1999, p.
396.
14
Ibíd. P. 47. Es evidente que estas cuestiones que aquí apenas se esbozan, son susceptibles de un estudio más
amplio y detenido, aquí nos limitamos a algunas referencias. L. Rodríguez Dupla, Ética, (BAC), Madrid 2001, p.
105. Cf. EV 70.
15
Ibíd..., p. 47. Cf. EV 11-17.
16
En un libro que está teniendo gran éxito en Alemania "Se acabó la fiesta" de Peter Hahne, el autor critica a la
sociedad hedonista e individualista salida del '68, e invita a volver a Dios y a la Iglesia (11 Giornale de 30 de
septiembre de 2006, p. 27 – Cultura).
17
Ibíd..., p. 47. Cf. VILAR, Antropología del dolor, 45: «El goce ha sido muchas veces elevado al orden de fin,
a cuya aspiración lleva la única función de la vida. Esta obsesión degenera en manía y atrofia toda la
temática transitiva de la vida humana. El hedonismo, falto de vinculación con el deber, partidario de la
comodidad por naturaleza, sin capacidad para el trabajo y el esfuerzo, se hace arbitrario y caprichoso, ausente
de comprensión e insensible, indiferente a la verdad y expuesto al aburrimiento existencial constante».
18
Ibíd., D. SÖLLE, Sufrimiento (Sígueme, Salamanca 1978) 10.
