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mirada rapidísima a algunas de las respuestas dadas a lo largo de la historia en las
distintas culturas, que nos ayude a comprender mejor también la respuesta hodierna a la
enfermedad, a la vejez y a la muerte.
Para esta visión emplearé también, con su consentimiento, un estudio hecho por un
Presbítero del Redemptoris Mater de Madrid que cito en la bibliografía5.
De la antigüedad al Renacimiento6
En el mundo mesopotámico y egipcio la enfermedad, la vejez y la muerte se
vivían como si estuvieran profundamente vinculadas a lo sacro, a la divinidad. En
muchos pueblos el sacerdote o el brujo desempeñaban también el papel de
curandero, de médico, sobre todo con remedios sacados de la naturaleza (hierbas,
sangrías, etc.). Por eso quien estaba afligido por alguna enfermedad o problema
grave recurría al templo donde el sacerdote hacía unos ritos, ofrecía unos sacrificios a la
divinidad para obtener la curación y al mismo tiempo brindaba aquellos remedios que la
medicina rudimentaria podía ofrecer para aplacar el dolor y obtener la curación.
Por otra parte, en general, en los 4 la enfermedad, la vejez y la muerte se vivían como si
se trataran de procesos naturales que tocaban también el mundo animal y el mundo
vegetal: en la naturaleza todo nace, crece, se desarrolla y madura y después se deteriora.
Por ejemplo, en la cultura de los pueblos indianos el anciano se iba a la foresta para
dejarse morir y reunirse a través de la muerte a sus antepasados.
En el mundo greco-romano, aun manteniéndose la relación sagrada de la
enfermedad y de la muerte, empieza a desarrollarse la medicina como ciencia capaz de
diagnosticar las causas de la enfermedad y de ofrecer remedios menos rudimentales y más
eficaces. (Hipócrates, Galeno).
"En la Edad Media, por influencia del cristianismo, la enfermedad y la terapia se
mantienen en un contexto sagrado. Será la Escolástica la que impondrá a la
medicina el tener que obrar una síntesis entre contenidos y tradiciones
disparatadas, abriendo así el camino al paso de la medicina de arte a
ciencia".7
El Renacimiento puede ser considerado el terreno de cultivo en que maduran los
contenidos de la ciencia moderna, ya que los grandes estudiosos de aquel
tiempo se colocaron en una nueva óptica en la consideración del mundo.
En este periodo, asistimos a una verdadera y propia "revolución antropológica" y el
hombre se convierte en el centro nodal de la creación. Esta nueva situación se
relaciona a una especie de revolución religiosa.8
Pero es sobre todo Descartes (1596-1650) que
"funda la concepción de la naturaleza en un dualismo fundamental: el del
espíritu (o res cogitans) la sustancia pensante, y el de la materia (o res
extensa), la "sustancia extendida". El cuerpo separado de la mente, empieza
su historia como suma de partes sin interioridad y la mente como
interioridad sin sustancia... El cuerpo, con Descartes, se convierte en
Ignacio Serrada Sotil, El valor moral del dolor y el sufrimiento a partir de la Carta Apostólica
"Salvifici Doloris" de Juan Pablo II, Tesina de licenciatura, Madrid 2006, p. 43: "El ser humano
puede hasta soportar el dolor: lo que no puede soportar es un sufrimiento privado de sentido, el
dolor del alma. Y el hombre sufre cuando experimenta la desproporción a su deseo de cumplimento,
la amenaza a su deseo de ser". Cf. Id. "Amor, deseo y acción" en MELINA-NORIEGA-PÉREZ SOBA,
La plenitud del obrar cristiano, 319-344.
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Ignacio Serrada Sotil, ob. cit. Al no haber sido publicada la tesis, el número de las páginas corresponde al
manuscrito.

Para quien quiera profundizar en estos temas cito el libro de donde he sacado sintéticamente
algunas notas, de Renato Zanchetta, Malattia, salute, salvezza, Edizioni Messaggero, Padova 2004.
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Ibíd. P. 117
Ibíd. P. 123-124.