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comunión con la Iglesia y, ayudados por la oración en común, experimenten el
consuelo de la misericordia de Dios y la confianza en Cristo" (n. 234).
La presencia activa de la comunidad a veces reducida a exclusivamente los familiares,
es un elemento de verdadera ayuda y de profundo consuelo.
La llamada del nuevo ordenamiento de la liturgia para el cuidado de los enfermos
se dirige a todos, pero de manera más particular a los sacerdotes y diáconos:
"los sacerdotes y diáconos procuren, en cuanto puedan, asistir personalmente
a los moribundos en compañía de sus familiares, y recitar las preces de la
recomendación del alma y de la expiración; con su presencia aparecerá con mayor
claridad que el cristiano muere en comunión con la Iglesia" (n. 238).
"Los presentes que asisten a un moribundo... encontrarán en estas plegarias una
fuente de consuelo al descubrir el sentido pascual de la muerte cristiana" (n. 235).
El momento del "tránsito" pide una oración más intensa y fervorosa.
"La catequesis, advierte el Directorio Pastoral, explica el verdadero sentido de lo que la
Iglesia hace en tal celebración. No se limita a recomendar el alma del
moribundo a la misericordia divina recurriendo a la intercesión de María y de los
Santos, entrega (encomienda) el fiel a Dios invocando a toda la corte celeste para
que lo acoja"(n. 91). La celebración se cierra con un antiguo responsorio con que la
comunidad sigue en el más allá al propio hermano: "venid en su ayuda santos de Dios;
salid a su encuentro, ángeles del Señor. Recibid su alma y presentadla ante el
Altísimo".
El beso del crucifijo o, como sugieren las Praenotanda (n. 235), el signo de la cruz
en la frente, y según la oportunidad la lectura de la Pasión del Señor, asocian la muerte
del bautizado a la de Jesús en la cruz.65

La sepultura cristiana: inhumación y no cremación
"La Iglesia inculca el respeto a los restos mortales de todo ser humano,
tanto por la dignidad de la persona a la que pertenecieron, como por el honor
que se debe al cuerpo de los que, con el bautismo, se convirtieron en templo del
Espíritu Santo. Lo atestigua de forma específica la liturgia en el rito de las
exequias y en la veneración de las reliquias de los santos, que se desarrolló
desde los primeros siglos. A los huesos de estos últimos dice san Paulino de Piola—
«nunca les falta la presencia del Espíritu Santo, el cual concede una viva
gracia a través de los sagrados sepulcros» (Carmen XXI, 632-633)" (Audiencia
General del 28 de Octubre de 1998).
Para contrarrestar la mentalidad siempre más apremiante y difusa66 también en el
campo católico que empuja a preferir la cremación a la sepultura de los restos
mortales veamos cual ha sido la posición de la Iglesia en el pasado y cual es hoy. Haré
un brevísimo excursus histórico, ofreciendo un poco de bibliografía para quien quisiere
profundizar el pensamiento de la Iglesia.

Inhumación y cremación.
"La inhumación de los cadáveres como hemos documentado estudiando el
argumento en las varias culturas se practicaba casi en todo Israel. La
cremación... era practicada sólo por los extranjeros: los israelitas se alejaron
siempre, pero el pueblo hebreo tenía motivaciones bien precisas para rechazarlas;
de hecho era de por sí una modalidad no conveniente y no en consonancia con la
65

Rosario Messina, Op. Cit.

Un ejemplo de "desinformación" sobre el pensamiento de la Iglesia sobre la cremación, en
www.socremfirenze,it en El aspecto Religión, La Cremación y la Religión Cristiana,
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