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Es cierto que la vida es un valor fundamental de la persona, pero no es un
valor absoluto, pues «forman parte de la dignidad de la persona otros valores
más altos que el de su vida física, y por los que el hombre puede entregar su
vida, gastarla y hasta acortarla mientras no atente directamente contra ella». Es
un error considerar la salud y la total ausencia de sufrimiento como un
bien absoluto. Es preciso afirmar, en este sentido, que nos encontramos ante un
caso grave de manipulación del lenguaje, lo cual tiene como consecuencia
la tergiversación del significado de las acciones.43
Resulta evidente que «si el ideal supremo del hombre es el bienestar físico y
material, la salud, la belleza, la fuerza, la perspectiva de un porvenir cómodo,
entonces su sufrimiento inútil e irremediable es un mal absoluto, y la
eutanasia sirve para evitarlo. 4 4 Dentro de esta perspectiva materialista,
tendremos que concluir también que hay vidas humanas sin valor y hombres que no
merecen vivir». Sin embargo, como hemos venido exponiendo a lo largo de este
estudio, el dolor y el sufrimiento no sólo no son realidades ajenas al hombre, sino
que poseen un valor positivo para la vida humana Convertir la huída de toda
experiencia de sufrimiento en el valor supremo de la vida, supone ne gar la propia
realidad, y conduce de manera inevitable a la frustración existencial.
Uso de los paliativos para aliviar el dolor
«La prudencia humana y cristiana sugiere para la mayoría de los enfermos el
uso de medicamentos apropiados para aliviar o suprimir el dolor, aunque de estos
puedan derivarse entorpecimiento o menor lucidez mental (...) Cuando "motivos
proporcionados" lo exijan, está permitido utilizar con moderación narcóticos
que calmarían el dolor, pero también conducirían a una muerte más rápida.
En tal caso, la muerte no es querida o buscada en ningún modo, aunque se
corre este riesgo por una causa justificable: simplemente se tiene la intención de
mitigar el dolor de manera eficaz, usando para tal fin aquellos analgésicos de los
cuales dispone la medicina»45. En cualquier caso, conviene apuntar que los recientes
avances en el tratamiento eficaz del dolor y de la enfermedad terminal han reducido
casi por completo el riesgo de anticipar indebidamente la muerte.
Debe tenerse también en cuenta que la posibilidad por parte del paciente de
rechazar estos medicamentos especiales es admisible, pues «es necesario dejar
libre al enfermo que desea vivir los momentos de su enfermedad en una
perspectiva personal y cristiana de renunciar a la posibilidad de aliviar sus
sufrimientos, porque, en este caso, el dolor asume un precioso significado
sea digna (...) La dignidad está en el ser, no está en el no ser que es la muerte: no hay muerte

digna, hay una persona que afronta su muerte con dignidad. La muerte y el dolor se dignifican si son
aceptados y vividos por la persona en toda su dimensión; orgánica, psicológica y espiritual»
43
Ibíd., p. 115 CEE, La eutanasia: 100 cuestiones y respuestas...: «La expresión "ayudar a morir" es
otro ejemplo concreto de tergiversación del sentido de las palabras, pues no es lo mismo ayudar a morir a
alguien que matarlo, aunque se le dé muerte por aparente compasión y a petición suya. La expresión "ayudar a
morir" evoca una actitud filantrópica y desinteresada, generosa y compasiva, que se desvanecería
inmediatamente si lo que se lleva a cabo mediante la eutanasia se expresara con la palabra dura, desde
luego, pero precisa, que es matar».
44
Es sintomática de esta mentalidad ampliamente difundida también por los medios de comunicación social, la
película "Mar adentro" en la que se muestra como un acto de piedad y de solidaridad humana ayudar a un
enfermo tetrapléjico a morir por medio de la eutanasia. "Si no se entiende el sentido de la muerte, tampoco se
entiende el sentido de la vida." Es una frase presente en la carta que Ramón Sanpedro Carnean dirigió a
los jueces el 13 de noviembre de1996, para que le permitiesen acabar con su existencia, (por
considerarla un derecho y no una obligación), después de 28 años de tetraplejía,
45
Ibíd. pp. 126-127. EVANGELISTA, «Los cuidados paliativos», en: CPPS, Cuidados paliativos, 106. Ya el
Papa Pío XII se había expresado sobre este particular en su Alocución del 24-11-1957, como se recoge en
Jura et bona, 3: «A un grupo de médicos que le habían planteado la siguiente pregunta: "La supresión
del dolor y de la conciencia por medio de narcóticos, ¿está permitida al médico y al paciente por la religión y la
moral (incluso cuando la muerte se aproxima o cuando se prevé que el uso de narcóticos abreviará la vida?", el
Papa respondió: "Si no hay otros medios y si, en tales circunstancias, ello no impide el cumplimiento de otros
deberes religiosos y morales: sí».