ELVALORSALVIFICODELSUFRIMIENTO.pdf


Vista previa del archivo PDF elvalorsalvificodelsufrimiento.pdf


Página 1...22 23 24252642

Vista previa de texto


24

salvífico, como Participación a la cruz de Cristo y, por tanto, puede ser acogido
libremente». Aunque tal acto puede considerarse como heroico en una asunción
personal del sufrimiento, no debe, sin embargo, ser exigido ni impuesto a nadie.4646
La fe viva es el mejor paliativo
Además, el misterio cristiano no es sólo algo que se contempla, sino que se
experimenta. Sólo viviendo el misterio del sufrimiento cristiano se puede
comprender un poco qué significa el sufrimiento y cómo trascenderlo y
superarlo». Teniendo, pues, en cuenta todo lo expuesto, puede afirmarse
que la fe aparece en la experiencia del que sufre, y de modo particular en la
fase terminal del tiempo de la muerte, como realidad trascendente de
verdadero alivio paliativo.47

LA VEJEZ
Además de la enfermedad y del sufrimiento, una ulterior etapa que nos espera,
aun sin saber para cuántos de nosotros, es la vejez. El Consilium pro laicis, en
un documento sobre la dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el
mundo48 afirma:
"Las conquistas de la ciencia, y los correspondientes progresos de la medicina,
han contribuido en forma decisiva, en los últimos decenios, a prolongar la
duración media de la vida humana. La «tercera edad» abarca una parte
considerable de la población mundial: se trata de personas que salen de los
circuitos productivos, disponiendo aún de grandes recursos y de la
capacidad de participar en el bien común. A este grupo abundante de
«young old» («ancianos jóvenes», como definen los demógrafos según la
nuevas categorías de la vejez a las personas de los 65 a los 75 años de
edad), se agrega el de los « oldest old » («los ancianos más ancianos»,
que superan los 75 años), la cuarta edad, cuyas filas están destinadas a
aumentar siempre más.
El Papa Juan Pablo II en su "Carta a los ancianos"49" escribe: ¿Qué es la vejez?
A San Efrén el Sirio le gustaba comparar la vida con los dedos de una
mano, bien para demostrar que los dedos no son más largos de un palmo, bien
para indicar que cada etapa de la vida, al igual que cada dedo, tiene una
característica peculiar, y «los dedos representan los cinco peldaños sobre los
que el hombre avanza». Por tanto, así como la infancia y la juventud son el
periodo en el cual el ser humano está en formación, vive proyectado hacia el
futuro y, tomando conciencia de sus capacidades, traza proyectos para la edad
adulta, también la vejez tiene sus ventajas porque -como observa San
Jerónimo-, atenuando el ímpetu de las pasiones, «acrecienta la sabiduría y da
46

Ibíd., pp. 125-126

Ibíd.. p. 127 B. HONNINGS, «Fe y secularización en la última fase de la vida», en: 231: «EI
cuidado paliativo por excelencia, fundado en la fe, consiste en la presencia personal de Cristo el,
el enfermo. Como ningún otro hombre, Él conoce el sufrir y el morir, está cerca de él para darle
fuerza y ayudarlo a conservar la confianza en Dios Padre y a tener paciencia con su frágil cuerpo
destinado a la resurrección. Reconfortado por la confianza en Dios, el enfermo terminal obtiene
la fuerza de vencer las tentaciones del maligno y la ansiedad de la muerte». En este
sentido, son interesantes los estudios realizados por ZUCCHI y HONlNGS, sobre el papel
fundamental de la fe en la experiencia del dolor, expuestos en: ID, «La fe como elemento
que transciende y facilita el resultado terapéutico en el paciente que sufre»: Dolentium hominum 33
(1996) 16-28;
47

48
49

Consilium pro laicis, La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el mundo, Roma 1998.
Juan Pablo II, Carta a los ancianos, Ediciones Paulinas 1999.