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consejos más maduros». En cierto sentido, es la época privilegiada de aquella
sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia, porque «el tiempo es un
gran maestro». Es bien conocida la oración del Salmista: «Enséñanos a
calcular nuestros años, para que adquiramos la sabiduría del corazón» (Sal 90
[89], 12).50
En la vejez serán lozanos y frondosos, para anunciar que el Señor es recto
Así pues, a la luz de la enseñanza y se g ún la terminología propia de la Biblia,
la vejez se presenta como un «tiempo favorable» para la culminación de la
existencia humana y forma parte del proyecto divino sobre cada hombre,
como ese momento de la vida en el que todo confluye, permitiéndole de este
modo comprender mejor el sentido de la vida y alcanzar la «sabiduría del
corazón». 51 Es la etapa definitiva de la madurez humana y, a la vez, expresión
de la bendición divina.52
"Si la vida es una peregrinación hacia la patria celestial, la ancianidad es el
tiempo en el que más naturalmente se mira hacia el umbral de la eternidad...
Son años para vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de
Dios, Padre providente y misericordioso; un periodo que se ha de utilizar de
modo creativo con vistas a profundizar en la vida espiritual, 53 mediante la
intensificación de la oración y el compromiso de una dedicación a los hermanos
en la caridad. El ocaso de la existencia terrena tiene los rasgos característicos de
un «paso», de un puente tendido desde la vida a la vida, entre la frá g il e
insegura alegría de esta tierra y la ale g ría plena que el Señor reserva a sus siervos
fieles: «¡Entra en el gozo de tu Señor! » (Mt 25, 21). (n. 14 y 16)
La calidad de nuestra vejez dependerá de nuestra visión de fe
"Está muy difundida, hoy, en efecto, la imagen de la tercera edad como fase
descendiente, en la que se da por descontada la insuficiencia humana y
social. Se trata, sin embargo, de un estereotipo que no corresponde a una
condición que, en realidad, está mucho más diversificada, pues los ancianos no
son un grupo humano homogéneo y la viven de modos muy diferentes.
Existe una categoría de personas, capaces de captar el significado de la vejez
en el transcurso de la existencia humana, que la viven no sólo con serenidad y
dignidad, sino como un período de la vida que presenta nuevas
oportunidades de desarrollo y empeño. Y existe otra categoría —muy
numerosa en nuestros días— para la cual la vejez es un trauma. Personas que,
ante el pasar de los años, asumen actitudes que van desde la resignación
pasiva hasta la rebelión y el rechazo desesperados. Personas que, al
encerrarse en sí mismas y colocarse al margen de la vida, dan principio al
proceso de la propia degradación física y mental.54
50
Ibíd., n. 5.
La ancianidad venerable – observa el Libro de la Sabiduría - no es la de los muchos días ni se
mide por el número de años; la verdadera canicie para el hombre es la sabiduría, y la edad
provecta, una vida inmaculada". (4, 8-9)
52
Ibíd., n. 8.
51 "
53
Corno veremos más adelante, nuestra actividad interior no termina con la muerte, sino que continúa en
la vida eterna. Es, por tanto, contrario a la visión cristiana pensar que con la vejez y con la muerte se
acaba todo. En realidad un cristiano, por la presencia del Espíritu Santo que siempre lo instruye, jamás se
jubila; con la muerte seguirá de manera nueva la vida activa en el Señor.
En este encerrarse en sí mismos juega mucho el orgullo, por lo que tal vez resulta difícil o
imposible aceptar el tener que depender de los demás. Se toma la excusa de no querer ser un
lastre, de no querer molestar, pero en el fondo se rechaza el hecho de que Dios nos ha creado
limitados y por eso interdependiente, necesitado de la ayuda de los demás. En realidad, en su
Sabiduría Dios dispuso la vejez y la inhabilidad como escuela para la humildad, para hacernos
pequeños para entrar en el Reino.
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