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Cristo, revelando a todos el misterio de su perenne presencia en la historia. Y
hacerlos también conscientes de la responsabilidad que se desprende, para ellos,
de ser testigos privilegiados --ante la comunidad humana y cristianada la
fidelidad de Dios, que mantiene siempre sus promesas al hombre".
"Como ha sido el caso, por ejemplo, en los regímenes totalitarios ateos del
socialismo real en el siglo veinte. ¿Quién no ha oído hablar de las «babuskas»
rusas? Las abuelas que, durante largas décadas en las que cualquier expresión de
fe equivalía a ejercer una actividad criminal, fueron capaces de mantener viva la
fe cristiana, transmitiéndola a las generaciones de sus nietos. Gracias a su
valor, no desapareció totalmente la fe en los países ex-comunistas, y hoy existe
un punto de apoyo —aunque mínimo— para la nueva evangelización".57
"Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos
pueden ser —y son tantas veces-- los garantes del afecto y la ternura que todo ser
humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del
tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún
concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no
podemos arrebatarles a las nuevas g eneraciones, sobre todo cuando dan
testimonio de fe ante la cercanía de la muerte. (Papa Benedicto XVI, 8 de julio de
2006).
Tiempo de sencillez y de contemplación
En una sociedad como la nuestra, dominada por los afanes, la a g itación y, no
raramente, por las neurosis; es una vida desordenada, que olvida los
interrogantes fundamentales sobre la vocación, la dignidad y el destino del
hombre, la tercera edad es, además, la edad de la sencillez, de la
contemplación... El anciano capta muy bien la superioridad del «ser»
respecto al «hacer» y al «tener». Las sociedades humanas serán mejores si
sabrán aprovechar los carismas de la vejez....
El testimonio del Papa Juan Pablo II: anciano, enfermo más joven de espíritu
"Un ejemplo extraordinario de esta verdad nos lo da Juan Pablo II, gran
testigo, también en esto, para el hombre actual. El Papa vive su vejez
con extrema naturalidad. Lejos de ocultarla (¿quién no lo ha visto bromear
con su bastón?), la pone ante los ojos de todos. Con serena sencillez, dice de
sí mismo: «Soy un sacerdote anciano». Vive la propia vejez en la fe, al servicio
del mandato que le ha sido confiado por Cristo. No se deja condicionar por la
edad. Sus setenta y ocho años cumplidos no lo han privado de la juventud del
espíritu. Su innegable fragilidad física no ha hecho mella, en lo más mínimo, en
el entusiasmo con que se dedica a su misión de Sucesor de Pedro. Sigue sus
viajes apostólicos por todos los continentes. Y es sorprendente constatar
cómo su palabra adquiere siempre mayor fuerza, cómo llega, más que nunca,
hasta el corazón de las personas".58

LA MUERTE
El Señor nos invita a estar siempre en vela, siempre preparados para nuestra
muerte
"En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tenéis necesidad que os
escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como
un ladrón en la noche...Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que
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Consilium pro laicis, La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el inundo, Roma 1998.

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