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realidad, la experiencia ha demostrado que rezar con ellos, hacerlos participar en las
celebraciones eucarísticas tal vez domésticas siempre les ayuda. Efectivamente
como aún habiendo perdido ciertas facultades mantienen una viva sensibilidad
por la que perciben el ambiente que los rodea, la acogida y el calor afectivo de la
familia, pero sobre todo les ayuda el ambiente de oración con los salmos, con la
Palabra de Dios, con los cantos: a su manera participan encontrando alivio y paz
interior.
Es por eso que el Señor instituyó un sacramento para enfermos en peligro
grave. Un sacramento que se da como ayuda por parte de la Iglesia, de la
comunidad, cuando somos afectados por enfermedad grave.

La Unción de los enfermos
E l nuevo r itual se llam a: "Sacra me nto de la Unción y cu idad o pasto ra l de
los enfer mo s" (SUCPE), desplazando pues la acentuación del momento de la
muerte al apoyo durante una enfermedad grave: 37 es decir, que presenta un
riesgo de muerte, como ciertas operaciones, o enfermedades degenerativas graves,
como en caso de tumores, etc.
La visita a los enfermos
En el nuevo Ritual la Iglesia apunta como primera ayuda la "Visita y Comunión a
los enfermos", en sus casas o en los hospitales. Aunque la invitación está dirigida a la
atención de los presbíteros y de los diáconos, en nuestras comunidades este
sentido de participación y de ayuda mutua en los momentos de mayor debilidad
atañe a todos los hermanos de la comunidad, sobre todo a aquellos que están
más predispuestos por el Espíritu Santo y tienen mayor disponibilidad de tiempo. En
efecto, todos sabemos que en los momentos de mayor gravedad de la
enfermedad, sobre todo después de una intervención o en el período de recuperación,
uno se encuentra casi impedido para concentrarse en la oración o leer el Salterio, la
Palabra de Dios, por eso la ayuda de algún hermano de la comunidad que vaya a rezar
con nosotros nos es de gran alivio y ayuda.
"El nuevo ritual, aprobado el 30 de noviembre de 1973 y promulgado el 7
de diciembre siguiente 38 por el mismo título revela y explícita la mentalidad
subyacente: la unción de los enfermos se inserta en el marco de toda la pastoral de
los enfermos, de la que se corrobora la característica eclesial: es la Iglesia
entera, en la obediencia a Cristo, la que debe ser movida por la solicitud
hacia los enfermos, cuyo cuidado no puede ser asunto exclusivo de los
presbíteros, sino obra de toda la comunidad cristiana (SUCPE 4; 5; 16; 18; 19;
32; 34; 35...):
"Por eso conviene sobremanera que todos los bautizados ejerzan este ministerio
de caridad mutua en el Cuerpo de Cristo, tanto en la lucha contra la enfermedad y
en el amor a los que sufren como en la celebración de los sacramentos de los
enfermos. Estos sacramentos, como los demás, revisten un carácter comunitario
que, en la medida de lo posible, debe manifestarse en su celebración" (SUCPE 33).
Una exhortación particular se les hace a los familiares de los mismos enfermos y
a aquellos que de algún modo están encargados de su cuidado (SUCPE 34).
El rito de la unción de los enfermos.
Si la cercanía a los hermanos enfermos es recomendada a todos los miembros de la
37

"En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a
los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de "Extremaunción". A pesar
de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su
salud sí así convenía a su salvación". (CEC 1512)
38
"La edición típica española ha sido publicada el 12 de Abril de 1974. Ritual de la Unción y de la pastoral de
enfermos", Comisión Episcopal Española de Liturgia, Barcelona, 2000.