ELVALORSALVIFICODELSUFRIMIENTO.pdf

Vista previa de texto
18
en una carga para los demás. El hombre se siente condenado a recibir ayuda y
asistencia por parte de los demás y, a la vez, se considera a sí mismo inútil. El
descubrimiento del sentido salvífico del sufrimiento en unión con Cristo
transforma esta sensación deprimente. (SD 27)
Fecundidad apostólica del sufrimiento
La fe en la participación en los sufrimientos de Cristo lleva consigo la certeza
interior de que el hombre que sufre «completa lo que falta a los padecimientos
de Cristo»; que en la dimensión espiritual de la obra de la redención sirve, como
Cristo, para la salvación de sus hermanos y hermanas. Por lo tanto, no sólo es
útil a los demás, sino que realiza incluso un servicio insustituible. En el
cuerpo de Cristo, que crece incesantemente desde la cruz del Redentor,
precisamente el sufrimiento, penetrado por el espíritu del .sacrificio de Cristo, es el
mediador insustituible y autor de los bienes indispensables para la salvación del
mundo. El sufrimiento, más que cualquier otra cosa, es el que abre el camino a la
gracia que transforma las almas. El sufrimiento, más que todo lo demás, hace
presente en la historia de la humanidad la fuerza de la Redención. En la lucha
«cósmica» entre las fuerzas espirituales del bien y las del mal, de las que habla
la carta a los Efesios, los sufrimientos humanos, unidos al sufrimiento redentor
de Cristo, constituyen un particular apoyo a las fuerzas del bien, abriendo el
camino a la victoria de estas fuerzas salvíficas. (SD 27)
"El convencimiento"33 de que el sufrimiento llevado con el espíritu de Cristo tiene una
eficacia "apostólica", ha sido vivido como telón de fondo de la vida cristiana a través
de la historia de la Iglesia. En efecto, muchos creyentes encuentran valor y
generosidad para afrontar el martirio y la cotidiana cruz del sufrimiento, que les
ha sido impuesta por la providencia, con la certeza de que esa paciencia
animada por la fe tendrá una utilidad "espiritual" para el prójimo,
especialmente en el ambiente inmediato del que sufre.34
Los mismos mártires se han convencido de que el martirio no es sólo un testimonio
que tiene una excepcional eficacia para la verdad del mensaje cristiano, pero es
también la continuación de la obra de Cristo, como fuente objetiva de fuerza y de
vida, para la edificación del cuerpo de Cristo. Más adelante, la vida sacrificada de los
monjes, y de los ascetas, y la paciencia heroica de los enfermos han sido
consideradas como una prolongación de la pasión vivificante del Señor. La
doctrina sobre la eficacia apostólica del sufrimiento, fue tematizada y
teorizada, en la segunda mitad del siglo XVIII y en la primera mitad del XIX,
en una serie de escritos de teología espiritual, que han tenido poca consideración
también porque, al dirigirse directamente a los enfermos, permanecían extraños al
cuadro sistemático de la enseñanza académica.
Dirigiéndose a los enfermos y a los fieles afectados por varios sufrimientos (físicos y
morales), los últimos tres pontífices reafirmaban con creciente frecuencia e
insistencia la doctrina según la cual el sufrimiento sobrellevado con espíritu de fe,
tiene una utilidad para la edificación del cuerpo místico.
33
Flick Alszeghy, ob. cit., p.373 ss.
Por otra parte, la Revelación enseña que el cristiano no está solo en su camino de conversión. En
Cristo y por medio de Cristo la vida del cristiano está unida con un vínculo misterioso a la vida de
lodos los demás cristianos en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico. De este modo, se establece entre los
fieles un maravilloso intercambio de bienes espirituales, por el cual la santidad de uno beneficia a los
otros mucho más que el daño que su pecado les haya podido causar... Es la realidad de la «
vicariedad », sobre la cual se fundamenta todo el misterio de Cristo. Su amor sobreabundante nos
salva a todos. Sin embargo, forma parte de la grandeza del amor de Cristo no dejarnos en la
condición de destinatarios pasivos, sino incluirnos en su acción salvífica y, en particular, en su
pasión. Lo dice el conocido texto de la carta a los Colosenses: « Completo en mi carne lo que
falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia » (l, 24)". (Juan Pablo II,
Incarnationis mysterium, 10, 1998).
34
17
