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Eso se re ite en el nuevo rito de la unción de los enfermos: los sacerdotes deben
exhortar a los enfermos a unirse con libre aceptación a la pasión y a la muerte de
Cristo, y a contribuir así al bien del pueblo de Dios.
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Lo que media la salvación no es el sufrimiento en su. materialidad, sino
el Espíritu de Cristo, vivido intensamente. Sería, pues, un malentendido suponer
que la función redentora de la cruz del discípulo aumente, en proporción cuantitativa
con la intensidad del dolor; en todos casos, se podría buscar una cierta proporción
entre la función comunitaria y la intensidad de la caridad, provocada y manifestada
por la cruz. El sufrimiento es, en efecto, operante, en cuanto que es estímulo y
manifestación de la caridad".35
La participación y el apoyo de la comunidad
Participación de los hermanos de la propia comunidad
En los momentos en los que experimentamos mayormente nuestra debilidad e
impotencia (enfermedad, vejez, muerte) es cuando advertimos la necesidad de la
cercanía de las personas queridas y de los hermanos de la comunidad. Sólo la Palabra
de Dios escuchada con asiduidad, las celebraciones en la comunidad en cuanto la salud
nos lo permita, la participación en la Eucaristía, el apoyo de los hermanos, nos ayudan y
nos sostienen en el combate contra el demonio, que siempre toma ocasión de
nuestros sufrimientos para hacernos dudar del amor de Dios, para hacer que nos
rebelemos contra su voluntad, aumentando así mucho más profundamente nuestra
soledad, nuestro sufrimiento, y tal vez nuestra desesperación.
Desde hace varios años nuestros catequistas invitan sobre todo al responsable, al
presbítero, pero también a todos los hermanos de la misma comunidad, en los límites
de sus propias posibilidades y sin hacer de eso una ley con exigencia, a estar
cercanos a los hermanos enfermos tanto en los hospitales como en sus familias.
También nos han indicado que mientras les sea posible a los hermanos enfermos o
ancianos el poder participar, se celebre el grupo de los garantes y la scrutatio en
sus casas. Como también asegurar la participación en la Celebración de la Eucaristía
de la comunidad llevándoles la comunión. También el rezo de las Laudes, o de las
Vísperas, o del Rosario, y tal vez también la celebración de la Eucaristía sobre todo en
los momentos más críticos, con un presbítero y algunos hermanos alrededor del
lecho del enfermo o en el hospital o en su casa (previo eventual permiso del párroco), son
de gran ayuda y expresan la profunda comunión que nos une y que se
manifiesta en los momentos de mayor necesidad, de mayor debilidad.36
Los hermanos están llamados a tener este mismo cuidado también con los hermanos
más ancianos, a lo mejor impedidos en su propia casa, imposibilitados a participar ya
en las celebraciones y en los actos de la comunidad, a veces también en condiciones
psíquicamente debilitadas. No hay que abandonarles, aunque estén muy
deteriorados son siempre hermanos, parte del Cuerpo de Cristo, vivido en la
comunidad. También con ellos hay que mantener una cercanía sensible que los alivie de
sus sufrimientos y los ayude, y prepare el paso de este mundo al Padre.
También en situaciones de pérdida de facultades mentales, como en los casos de
Alzheimer, en estado avanzado, cuando las personas ya no conectan con la realidad, no
reconocen ni siquiera a sus propios familiares, parecen completamente ausentes de la
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Flick-Alszeghy, Il mistero Della troce, Queriniana, Brescia 1978, pp. 373-379.
"Estaba enfermo- dice Jesús de sí mismo- y me visitasteis" (Mt. 25, 36). Según la lógica de la
misma economía de la salvación, Él que se identifica en cada uno de los que sufren, espera –en este
hombre-, a otros hombres que "vayan a visitarle". Espera que irradie. la compasión humana, la
solidaridad, la bondad, el amor, la paciencia, la solicitud en todas sus varias formas... Jesús quiere que
del sufrimiento, y entorno al sufrimiento, crezca el amor, la solidaridad de amor, es decir, la suma de
aquel bien que es posible en nuestro mundo humano. Bien que no decae nunca (saludo del Papa a los
enfermos, 11 de febrero de 1979, 4).
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