Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf

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manera distinta a cualquier otro, pero debe saberse y hacerse el esfuerzo de
conformar imaginativamente una urdimbre sociocultural donde buscábamos
convivirnos varias generaciones al mismo tiempo.
Pero, aunque no fuéramos muchos, vivíamos hacinados. Quiero decir que
allí estábamos buscando un lugar de expresión toda la gran familia cultural al
completo: los padres, los hijos, los nietos y hasta los bisnietos. Es verdad que se
trataba de otra época distinta a la de los años cincuenta. No sólo nuevas formas
artísticas de querer decir pulsaban por expresarse, sino que la vieja Europa se
comenzaba a preparar para nuevas rutas sociales -que reventarían por imposibles
al final de la década de los sesenta. También nuestro país se abría al mundo y
entraba en una estabilidad económica que, sin saberlo, concitaba la confianza en sí
misma, junto al deseo de renovar la ropa del armario y el perderle el miedo a lavar
los trapos sucios en el exterior. Claro está, nuestro país llevaba ya casi una década
queriendo convencer a Europa de que le levantara el merecido sambenito de
dictadura, por lo que todas sus estrategias irían encaminadas a mostrar el rostro
más aperturista del que en aquellos tiempos pudiera darse. Por ejemplo, el que
fabricó el joven Manuel Fraga de entonces, y vendió como mejor supo a través de
su aperturismo periodístico y cultural, apoyado en los planes de desarrollo
económico, político y social. El país ostentaba un aparente aperturismo, cacareaba
un desafinado orquestado de libertades, que aún no existían y que era imposible
ponerlas en práctica, teniendo en cuenta las estructuras habidas. Pero las gentes
del arte y la cultura aprovechamos como se pudo, al máximo posible, esas ranuras
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