Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf

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la suya. Desde joven supe de sus inquietudes artísticas y de las tremendas energías
que generaba en cualquier proyecto en que estuviera inmerso. Porque era muy
vitalista, y se entusiasmaba como un chiquillo con todo aquello que el arte de las
vanguardias le permitía expresar. Nuestra isla estaba aún encerrada culturalmente
a los nuevos aires artísticos, pero aquí se comenzaba a vivir una sensación áurea
que posiblemente en otras latitudes no fue posible experimentar. Los que en aquel
entonces cifrábamos quizá más o menos los veinte años teníamos unos auténticos
maestros que nos servían de guía. La generación cultural que había sobrevivido a
la segunda república, y a los veinticinco años de la paz de la dictadura, comenzaba
a expresarse sutilmente a través de los vericuetos que las artes permitían. Los más
jóvenes, es decir, nosotros, sus nietos de generación, surgíamos con otras
estructuras mentales que las de los hijos directos de la contienda civil. A estos se
los adscribía a una generación a la que se le había pasado un rodillo por encima,
como si se tratara de una apisonadora que allanara el piche de una calzada. Pero
seamos sinceros, ambas generaciones habían sido escachadas, pero la de los más
viejos, la que sobrevivió a la barbarie de la confrontación fraternal, parecía estar
dispuesta a ostentar un sólido bastión canalizado sabiamente a través de la
cultura. Eran muy buenos y estaban maduros, cifraban ya los sesenta años como
máximo y eran de lo mejorcito que se fabricaba culturalmente en Canarias. Sus
nombres han salido hasta la saciedad en todos los últimos homenajes que se les
han hecho a sus centenarios nacimientos, pero sigue siendo de justicia el
reconocimiento, el recuerdo y el poner siempre que sea oportuno los puntos sobre
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