Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf

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por donde podríamos expresar nuestras creatividades y, además, de paso,
oteábamos aquello que en el mundo exterior se hacía. A su manera, los artífices
económicos del país recomendaban aprender a nadar y guardar la ropa,
manteniendo siempre de un lado los principios religiosos y, de otro, los también
inamovibles del régimen político. No sólo escribíamos en la prensa y revistas con
un estilo que se decía entre líneas, ¡también los lectores habían aprendido a leer lo
que hubiesen querido entender a las claras, entre líneas!
Se pretendía que se produjeran cambios, que la vida se moviera, pero para
que todo siguiera igual que siempre, como dijo en 1860 Don Fabricio, Príncipe de
Salina, en El Gatopardo3. Lo que estaba claro es que el régimen no contaba con que
en aquellos años no era nada fácil ya domesticar intelectuales. Es posible que hoy
día la vieja teoría del Estado como padre-patrón la estimule tanto el creador como
el intelectual con sus dependencias económicas. Una amplia clasificación de
profesiones se realimenta pululando tras los poderes económicos, de opinión y
político: artistas plásticos, cantantes, actores, directores, cineastas, diseñadores,
músicos, pintores, docentes, escritores y manipuladores de las nuevas tecnologías.
Aunque pareciera que nada es verdad ni mentira, hoy casi nadie está a salvo de
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Il gattopardo [1963] de Luchino Visconti, basada en la novela homónima de Giuseppe Tomasi di
Lampedusa, con música de Nino Rota y fotografía (¡excelente!) de Giuseppe Rotunno, con un
magnífico y convincente Burt Lancaster, una divina Claudia Cardinale, un jovencísimo Alain
Delon, y los gran característicos como Paolo Stopa, Rina Morelli… La historia gira en torno a los
hechos de la unificación de Italia en el Piamonte. La acción se desarrolla en Palermo conformando
el hilo conductor la familia de Don Fabrizio, Príncipe de Salina, cuyas vidas se trastocan, como es
lógico, tras la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi [1860]. Para alejarse de los disturbios
se refugian en la casa de campo que poseen en Donnafugata. Hasta el lugar se desplazan, además
de la mujer del Príncipe (Burt Lancaster) y sus tres hijos, más el joven Tancredi (Alain Delon), el
sobrino predilecto de Don Fabrizio, que simpatiza con el movimiento liberal de unificación… Una
auténtica obra maestra que se debe visionar de vez en cuando.
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