Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf

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traficar con los intereses intelectuales. Pues el creador se halla también influido
por la educación, las ideologías y el entorno en el que pretende expresarse. El alma
de la creación se alimenta de sus sueños, pero el artista miente cuando juega a
negar que necesite del beneplácito del poder. Sabemos que una cultura sin
gestores es imposible, pues ellos ejercen de mediadores, y aunque no haya una
política cultural reconocible, su misma negación es un rasgo distintivo. En nuestro
territorio latino el más poderoso agente cultural es la administración, pero
mandan también en el devenir de los productos las economías predominantes, los
gestores, productores, las ONL´s, el periodismo, los centros de enseñanzas, los
mercados transnacionales, las modas, las redes de distribución, exhibición y de
difusión y, por supuesto, todas las industrias culturales. Ya no puede actuar
inocentemente el sector cultural, porque, en términos de valor añadido, ocupa
una posición destacada en la economía, situándose por encima de sectores tan
importantes como el transporte marítimo y terrestre, la hostelería y restauración,
la fabricación de productos farmacéuticos, la industria petroquímica y química
básica, la elaboración de bebidas y tabacos o la fabricación de automóviles. Ese
valor generado por la industria de la cultura y el ocio, se cifra en nuestro país en
torno al 4% del PIB, parecido al de países como EE.UU., Suecia, Reino Unido,
Canadá, Austria y Alemania. Siempre los mediadores costean, compran, venden,
incentivan, dirigen, administran, condicionan, censuran, intervienen, influyen...
No pueden ser perfectos, por eso el panorama anda algo turbio. No hay suficiente
transparencia porque está removido el fondo. Lo más importante en nuestro
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