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5- EDUARDO, DIRECTOR Y VISIONARIO
Por ejemplo, en su Stage 1, por el grupo La Máscara, tuvimos la suerte de
acompañarle como director adjunto, y uno, que ya entonces escribía en los
periódicos, debía pergeñar un discurso más o menos consonante con la propuesta
que nos planteaba. Y con sumo gusto escribíamos tanto el texto de su programa de
mano como dejábamos constancia en la prensa del paso del espectáculo por los
escenarios canarios y nacionales. Decía así en el programa de mano fechado el 3 de
marzo de 1972:
No hay palabras, el cuerpo habla, se tuerce y retuerce, se libera del
gesto eterno. El cuerpo habla por la garganta y se despoja del silencio
en un gran anhelo de encontrar la expresión. Los ejercicios se
suceden sin estridencias, la música impensada fluye del coro de los
cuerpos, el abraxas orquesta la acción. En medio de la fuente, una
llama que no se consume…Primero, unos rostros encarnados con las
carnes de la esterotipia; después, la búsqueda por la introspección; al
final, el encuentro con las libertades perdidas… Cae la piel del
pasado, como regalo de un nuevo nacimiento.
Para el viaje a la Península se incorporó aquel año al Stage 1 la pieza teatral
didáctica, para niños, de su hermano Ángel Camacho, titulada Herodoto que gran
amigo eres. A la vuelta, nosotros mismos, como era ya costumbre, constataríamos
sobradamente en la sección de los Colaboradores de El Día todo el periplo de las
actuaciones de los dos montajes que Eduardo Camacho en esos momentos ponía
sobre los escenarios: “Desde Madrid a Barcelona. Madrid, fue primero. Una sola
estancia (un solo Stage1 en un Ateneo lleno) de días ráfagos. En Barcelona
actuamos en el Instituto del Teatro, Círculo Medina, Martorell, Sabadell, Molins de
Rey, Esparraguera, Berga, Centellas...”.
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