Eduardo Camacho poliedrico creador 2010.pdf

Vista previa de texto
No es que fuéramos una familia bien avenida, por supuesto que no, ¿quiénes en el
teatro se han llevado como San José y la Virgen?, pero nuestro territorio vital
hallaba sus raíces en el teatro y eso, aunque toda la gente no compartiera tus
proyectos y montajes, aunque no los quisiera o los criticara, al menos sabían que
formabas parte de ese territorio y, fuera como fuese, te respetaban. Porque sabían
que tenías un lugar que te habías ganado a pulso. Aunque no quisiera que mi
discurso sonara a nostalgia, ya es tarde para cambiar el ritmo interno de mis
cláusulas métricas o el tamaño de los grupos fónicos utilizados, sépase que cada
texto y recuerdo tienen las melodías de su autor y el ritmo de su alma.
Eduardo fue un auténtico creador en el sentido más primigenio. Además de
poseer una gran capacidad de aglutinar y animar a sus gentes, lo inspiraba un
deseo permanente de expresase de manera creativa, usando un gesto rápido y
certero. Intuía de golpe que las cosas tenían que ser así y las respuestas las ponía
en práctica sobre la marcha. Lo recuerdo siempre como un trabajador infatigable
y, como era pintor, todo aquello que descubría en su interior cuando se expresaba,
hallaba una manifestación plástica. Dominaba el espacio como nadie. Era capaz de
mover a veinte actores, con sus máscaras neutras en medio de un escenario casi
desprovisto de utilerías, con una intuición y maestría sublime.
Los del lenguaje y la literatura seríamos los otros, los que de una manera u
otra lo acompañábamos cada vez que nos reclamaba, pero el de las ideas plásticas
atrevidas, que siempre buscaban la vanguardia en la expresión, era Eduardo.
23
