Policromática MatÃas Castro Arias.pdf

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piedad, empezó a ver en esta propuesta una posibilidad
real.
Cierto es que Héctor insistió con más fuerza en la
idea, hasta el día en que ambos llegaron a un acuerdo
y se decidieron por buscar a una mujer que pudiera
ayudarlos con Tobías. De todas formas no dejaré la
casa, Héctor, seguiré tomando tiempo para continuar
al lado de mi hijo. Las palabras de Diana no resultaron
un problema, pues su esposo entendía y aceptaba hacía
años esa parte de su personalidad, que aunque a ratos
parecía desvanecerse en pequeños gestos y acciones
repetitivas que reemplazaban su euforia juvenil por una
calma madurez, seguía siendo el material que formaba
su esencia y una de las cosas que le gustaron de ella
cuando se conocieron.
Así que tras varias entrevistas encontraron a la mujer
idónea para que ayudara en los cuidados de Tobías. Le
ofrecieron un sueldo decente y aceptó, trasladando al
día siguiente sus posesiones a la pequeña habitación
que lindaba la de Tobías. Esta es Anita, le dijo Diana
al pequeño -que poco entendía-; esta es Anita, te va
a cuidar también. Tienes que portarte bien con ella,
Tobito.
El niño abría sus grandes ojos, oscuros y honestos, hacia
el par de mujeres que asomaban, y Anita se agitaba,
emocionada por la belleza de su expresión.
La primera noche Diana se levantó un par de veces.
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