Policromática MatÃas Castro Arias.pdf

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en que se llevaran a cabo esos mismos eventos. Por lo
tanto, se sintió, en un modo especial, partícipe. Diana,
en cambio, gozaba del posnatal y cada día estaba más
decidida a dejar su trabajo cuando llegara el momento,
pues presenciaba de primera fuente algo glorioso.
Maravillada, aseguraba estar dispuesta a entregar todo
lo que tuviera en sí para Tobías. Y sabía que tenía más
como madre, como un referente de humanidad, que
como soporte financiero.
La primera sonrisa de Tobías, sus primeros dientes
y aquellos balbuceos que parecían un esfuerzo de
comunicación la sorprendían y resarcían el cansancio
de la labor. Compensaban su reducido sueño y el
agotamiento general de una faena a tiempo completo. Si
una de sus amigas al verla desarreglada, con evidentes
ojeras y la espalda algo arqueada, le preguntaba
qué sentía al ser madre, Diana afirmaba que era una
experiencia indescriptible y de una hermosura que
colmaba el corazón.
Por un lado se les hacía complejo creer las afirmaciones
de Diana sobre la maternidad como un acto de belleza,
en vista de las marcas físicas que evidenciaba, pero,
por otro, estas mismas jóvenes sentían una especie de
embrujo cuando contemplaban a Tobías. Tiene algo
especial, muy llamativo, el hijo de Diana, comentaban
más tarde. Porque es cierto, fácilmente una madre
encuentra atractivo a su propio hijo, pero no siempre
resulta igual a ojos del resto, más allá de lo que pudieran
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