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Y de rebote a la misma sociedad a la que el día de mañana deben prestar sus
servicios.
Malestar de padres y abuelos
Hemos visto los resultados de la estadística de una educación que no consigue lo que debiera.
A todos debiera decir mucho, pero son unos pocos, los políticos los que tienen en su mano la voz
y los medios de actuar. Por supuesto que no son esos abuelos y padres que comentan su
desacuerdo. Seguimos con ellos y se preguntan ¿hasta cuándo?, y dirigiéndose a los susodichos
responsables les interrogan ¿tan difícil es llegar al punto medio de ambas concepciones de la
enseñanza? Situarlas en su justa valoración? Fuera todo exceso. Dejen ustedes a un lado todo
atisbo ideológico y busquen el bien del alumno. Todo el mundo sabe que hay ideas buenas, otras
mejores y algunas que no sirven para nada, salvo para crear situaciones del fracaso escolar.
Efectivamente la enseñanza no goza de buena salud y cualquiera se da cuenta de que las causas
que lo producen tienen raíces hondas y que no se puede afrontar con medidas superficiales. Por
tanto, se requiere una revisión profunda para devolver a la enseñanza toda la grandeza de su buen
hacer.
Ante un hecho tan reiteradamente consumado no estaría de más aplicar el remedio de la
experiencia. Aún sabiendo que siempre llega tarde no deja de ser bien venido, pues sigue siendo
válido al ser madre de la ciencia y fuente de verdad. Nadie quiere equivocarse dos veces. Por eso
de sabios es rectificar tomando trayectorias distintas de aquellas que llevaron a la desilusión, al
desengaño y en definitiva al escarmiento.
Con todo da la impresión de que hay personas que parecen gustarles más bien curar que
prevenir y todo a cambio de cierta blandenguería incompatible con el esfuerzo personal y
disciplina de la educación. Cualquier método medianamente válido advierte claramente su error.
Es inconcebible una buena educación que no exija un mínimo de esfuerzo. Algo que es normal
como exigencia de que todo lo bueno cuesta, máxime cuando se trata de evitar algo malo que
degrada y empobrece. La falta de estas disposiciones hace inviable la sembradura educativa.
Siempre se dijo que un médico es bueno, cuando sabe curar las enfermedades, porque aplica el
remedio correspondiente para combatir el mal, pero que es mejor cuando sabe prevenirlas, bien
sea en forma de vacuna o de algo similar, o simplemente aplicando la fuerza de la voluntad del
interesado. Ojalá la enseñanza siguiera estos pasos del médico inteligente y práctico. Evitaría
mucho sufrimiento y haría mucho bien a los alumnos. En ocasiones también será necesaria esta
terapia, pero no porque no se haya intentado evitarla. A todas luces el fracaso escolar sería
menor.
Puede iluminar esta situación un proverbio chino muy clarificador y universal, que enseña a
valorar en su justa medida el presente de una acción con los efectos seguros que conlleva. Lo
dejo a tu consideración: “El hombre cuando obra ve la ganancia pero no el daño. El pez ve el
cebo pero no el anzuelo”. Como ves la conclusión es sencilla. Merece la pena su reflexión.
Este padre y abuelo que me han acompañado en la escritura de estas líneas, a quien le
corresponda le preguntan: “¿Por qué ante un tema tan delicado y de tanta importancia, no existe
un acuerdo a nivel de instituciones, asociaciones, confederaciones, profesores, alumnos e incluso
personas acreditadas por su saber y por su experiencia, para que todo este campo de la educación
no quede solamente en manos de los políticos?
Y con el mismo destino de a quien le corresponda terminan pidiendo la asignatura de religión.
Valorada en su justa medida, para que quienes la pidan se comprometan en su estudio. Y para
quienes no la pidan, se sustituya por algo equivalente en la línea del aprendizaje de unos
comportamientos dignos de respeto y de amor a los demás como son los mandamientos de la Ley
de Dios para los que optan por ella.

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