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Para esta reflexión me llevan de la mano la experiencia de los padres y los abuelos de los
niños, cotejando la educación que ellos recibieron con la de hoy. La acepto porque la considero
válida. ¿Es que acaso la experiencia deja de ser luz por tener muchos años? Ahí estriba su fuerza,
su sensatez y su aporte. Ambos están muy de acuerdo en afirmar: “lo que antes faltaba, ahora
sobra y lo que antes sobraba, ahora falta”. A nadie se le oculta a qué se refieren estas palabras, al
aspecto material y formal de la enseñanza. Dejando el primer aspecto fruto de la prosperidad
económica del país, (que pasa de una matrícula excesiva de hasta cien niños por clase, que faltan
escuelas y mobiliario y que además su asistencia es baja), se centra en el aspecto formal. A
primera vista nos ofrece unas diferencias grandes. Mientras la enseñanza de los mayores se
basaba en la autoridad y se gestionaba por la obediencia, insistiendo en el compromiso, en la
exigencia, en el estudio y en una serie de principios aceptados por la inmensa mayoría como la
responsabilidad y el mismo carácter religioso de la persona; hoy la enseñanza se imparte desde la
premisa de la bondad natural del educando (caso omiso de su pereza, de su egoísmo...), apoyada
en su libertad, con menoscabo de su deber y responsabilidad y sin exigencia de contrapartida
alguna, pues a corto plazo y en el peor de los casos la recompensa está garantizada.. Gestiona
todas sus acciones desde el marco permisivo de la misma, que en ocasiones raya con el
permisivismo de la desobediencia y de la indisciplina, en la línea del que todo vale porque es
igual. En este contexto no es extraño que emerja el aspecto de amoralidad, que da lugar a
defectos, errores y deformaciones de la educación. La primera educación con sus tonos exigentes
deja ver su cara tosca, difícil, poco deseada, pero con resultados eficaces. Por el contrario, la
segunda, con sus tonos permisivos, la cara bonita, fácil, querida, pero con la firma del fracaso. A
la hora de enjuiciar, queda claro la verdad de su ofrecimiento, como también lo es su espejismo,
que olvida el ser de las personas, no son ángeles y que la vida tiene forma y parte de lucha.
Se podrían edulcorar las palabras, tanto en la una como en la otra, prefiero decirlas así, porque
todos entienden que en la práctica están descafeinadas. Eso sí, revelan cómo la sociedad está
partida en un aspecto importante. Existen dos tendencias claras con comportamientos distintos.
Carezco de resultados de la enseñanza de antes, pero intuyo que no fueron los mejores. De la de
hoy, podemos aportar estadísticas.
Algunos datos del fracaso
Aunque afecta al completo de la persona, se concretan en dos aspectos y algunos colaterales.
Aspecto intelectual. No alcanza el mínimo necesario según varemo establecido. Su
bagaje académico pobre.
Según el estudio realizado por EUROSTAT cifra el fracaso escolar en España de
un 28,3 %, el segundo más grande de toda Europa, sólo por detrás de Portugal.
Otros estudios lo sitúan en el 30 %.
Aspecto psicológico. Provoca lagunas y deformaciones de la persona. Fomenta niñatos,
blandengues, inestables. Tampoco su madurez responde a la edad. La vida les va a negar
lo que a raudales les ha ofrecido la educación.
Trastornos de conducta. Delincuencia juvenil y cada vez más baja en edad. Falta
de respeto a las personas, desprecio a los bienes de los demás, con una
propensión al desorden, al vicio y abiertos a la droga.
Incide de forma colateral:
Profesores. Su trabajo les resulta penoso, duro, por su pérdida de autoridad,
desbordados en ocasiones hasta la desobediencia y agresiones, frustrada en gran
parte su vocación y no menos herida su salud.
Padres y familia. Sufren la impotencia de no saber ni poder ayudar a sus hijos, las
relaciones se hacen difíciles y el trato de padres e hijos es cada vez menor. De
igual modo consideran que sus quejas ante los responsables pueden ser inútiles.
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