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EL CIERRE DEL COLEGIO
Aunque a quien escribe le queda un poco lejos, ha podido constatar de los vecinos lo que
supuso su pérdida. Es cierto que se veían venir las cosas, pero no por enunciado dejó de ser
menos triste. El colegio se había hermanado con el pueblo. Fueron muchos años los que convivió
con él y significó mucho para ellos. Como es comprensible también me estoy refiriendo a
quienes fueron su alma, las Hermanas de la Congregación Salesiana. Su presencia era querida y
estimada. ¡Qué grande es la compañía cuando es buena! El día que vinieron las religiosas al
pueblo, las abrió las puertas de par en par. Así lo demuestra el acta de su toma de posesión y
durante todo el tiempo de su estancia estuvieron abiertas, pero llegó el momento y se produjo
uno de esos contrasentidos de la vida, en los que las personas que sirven y las personas que las
quieren se ven obligadas mutuamente a cerrar sus puertas y poner fin a una trayectoria que tanto
bien hizo. El día 23 de octubre del año 1.966 Sor María Eulalia García, Superiora General de la
Congregación entregaba el inventario del colegio y aquellas llaves con las que Sor Teresa de
Jesús Arribas le abriera por primera vez hacía 56 años. Las recibe el sacerdote de la parroquia
Don Francisco Gutiérrez.
Claro, todo el mundo entendía a qué respondía esta decisión. La situación del pueblo había
cambiado por completo. Las personas se habían hecho mayores, los más jóvenes ya se habían ido
a la capital y seguían yéndose a toda prisa del pueblo buscando una vida mejor. Cada vez el
grupo de niñas era menor. A esta situación debemos añadir la prosperidad económica a la que
había llegado España, capaz de llenar aquellos vacíos de entonces que suplieron con tanta
dignidad las instituciones religiosas. Como dato anecdótico se había pasado de carecer de unas
mesas y sillas para los niños a unas escuelas en las que había de todo.
Efectivamente el cierre del colegio y la marcha de las religiosas fue dolorosa y poco menos que
traumática. Alguien me ha dicho que la fueron aliviando con la nostalgia buena que proporciona
el recuerdo de lo que se quiso y de lo que aún se sigue queriendo.
El colegio fue una obra grande para el pueblo, se sumaba a otras importantes, personalmente
considero que así fue. Había razones para pensar que el pueblo de Soncillo, en el norte de la
provincia de Burgos, se conocía aparte de las ferias, por su colegio. Llegó ese reconocimiento en
el año 1.970, con el premio de embellecimiento, que la Diputación Provincial otorgaba a los
pueblos distinguidos.
...Y la casa colegio cambia de finalidad
Los testigos de entonces que lo conocieron y los que no, todos recuperamos la alegría de
nuevo, porque esa casa colegio ya transformada se haya convertido en una pequeña residencia de
ancianos de este ayuntamiento de Valdebezana. Nuestro deseo es ampliarla para que ahora como
entonces, con el signo contrario, de acoger a otros niños mayores, no se vayan de su terruño. Está
solicitada su ampliación. Hasta la fecha sólo buenas palabras. Debiera atenderse la petición de
subvención, porque hay personas para llenarla, mucho tiempo después a lo mejor no hace falta.
La nueva trayectoria. El colegio público
El final de la estancia de la Hermanas Religiosas le puso la construcción de las nuevas
escuelas, el año 1.966. A partir de esta fecha el Estado de la Nación, a través del Ministerio de
Educación y Ciencia, afronta la educación de los niños y de las niñas. Los locales terminados y
preparados están esperando, el grupo de profesores también y todo el material necesario. Se
inicia una nueva trayectoria, incluso, abierta a la posibilidad de que este centro pueda servir para
toda la comarca. Se ha cumplido. La emigración en aquellos años se agudiza fuertemente,
dejando los pueblos casi vacíos. La concentración de todos los niños de la zona era necesaria.

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