madre piedad y el colegio de soncillo.pdf

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ella, que le quema el corazón y que arranca de este libro sagrado. Por eso, la educación que ella
ofrece en sus fundaciones debe estar inspirada en la concepción cristiana. Naturalmente sabe
respetar las discrepancias de los otros, sin que esto quiera decir que deba claudicar de lo suyo, ya
que obraría en contra de su conciencia. Si además, le pidiéramos sus razones nos diría que esta
forma de educación les ayuda a vivir, descubre los valores morales, como puede ser el sentido de
la justicia, ayuda a comprender al prójimo y amarle, se razona mejor el esfuerzo y el sacrificio
que conlleva el crecimiento educativo y sobre todo, responde al deseo de vida inmortal que
abriga el ser humano. Deseo que descubre para vivir en esperanza. En consecuencia, el ser
humano se entiende y se explica mejor desde Dios que sin Él.
A esta educación cristiana, por expreso deseo de ella, se unía la enseñanza en valores humanos,
en hábitos que son virtudes de bien obrar, como el trabajo, el deber, la responsabilidad,
convivencia, respeto, espíritu de sacrificio y de lucha. De la solidaridad con el necesitado, se
aprendía respondiendo a las distintas campañas misioneras de los pueblos del tercer mundo.
No fueron tiempos fáciles. Estuvieron marcados por muchas carencias que suplieron con
optimismo, con la buena administración de las religiosas y con su espíritu de trabajo y sacrificio.
Los recursos económicos de los que dependían eran escasos. La dotación de la fundación era
pequeña, la paga de los maestros reducida. Gracias, sin embargo, a la ayuda generosa de los
vecinos. Cooperaron en metálico y en especie. De la huerta le sacaban alguna partida. La leña
para la cocina y las estufas que todos los años se repartía entre los vecinos del pueblo, se
apartaba un lote mayor para el colegio.
ALGUNOS DATOS DEL COLEGIO
Habitualmente la comunidad de hermanas la constituían cinco o seis religiosas.
Tenía una capilla privada que atendía el capellán. Los sacerdotes Don Gregorio
Gutiérrez y Don Aurelio Varona lo hicieron muchos años.
El número de matrícula oscilaba alrededor de las cien niñas o más. Estaban distribuidas
en dos grupos, de menores de siete años, párvulos. Este grupo era mixto. Y las niñas de
edad escolar de siete años a catorce. Los niños a los siete años pasaban a la escuela del
pueblo.
Durante la vida del colegio, según este promedio de matrícula, pasarían por él varios
centenares de niñas.
Además de las clases dedicadas a las asignaturas fuertes, había otros espacios dirigidos
a despertar las cualidades artísticas de las niñas, pequeñas obras de teatro, comedias,
sainetes, que después representaban para el pueblo y repetían en algunos otros de la
zona.
No faltaban las clases de urbanidad. Saber estar, comportarse con educación, hablar
bien...
Existían también pequeños talleres de pintura, bordados, música (conocido hoy como
trabajos manuales).
Tenía un pequeño internado con capacidad suficiente para recoger a un grupito de niñas
de los pueblos limítrofes.
Dejó la impronta de su huella buena:
a. En las niñas que se educaban para trabajar y vivir.
b. En el pueblo cuyo nivel cultural fue mayor. Es verdadero aquél dicho de que si
estás en el agua te mojas aunque no sepas nadar.
c. En la parroquia constituía una parte importante de ella. Además de solemnizar
las fiestas religiosas ¡vaya si se notaba en sus comportamientos humanos y
cristianos!
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