madre piedad y el colegio de soncillo.pdf

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tiempo hasta el pan era escaso. Solamente disponen de aquellos instrumentos más elementales de
unas poleas, plomadas compás y niveles... todo lo demás lo tiene que inventar y suplirlo con su
ingenio.
Tiene sencillamente, una clave explicativa. El convencimiento de que su trabajo se dignificaba
con estas obras, a la vez que iba haciendo posible casi lo que era imposible. Sabían que estas
obras constituían la casa de Dios, el lugar de oración y el encuentro de los creyentes, y tal vez el
presentimiento de alguna clave de futuro que pudieran ser la honra y la gloria de un pueblo, por
la admiración de sus descendientes. Y ha sido así. Pues cuando nos encontramos ante estas
maravillas nos evocan una de las joyas más valiosas de una civilización y no podemos por menos
de decir ¡qué grandes y qué artistas fueron nuestros antepasados!
Esto aún siendo mucho porque es justo su reconocimiento y realza la cultura de la persona no
es lo más importante. De ahí que convenga precisar que en la asignatura de religión se está
refiriendo al Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, que quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Decían de Jesús, que enseñaba con autoridad, con
la fuerza de la razón y de la verdad que era Él. El conocimiento de esta asignatura responde al
uso de la razón y de la fe. A la primera, en cuanto le es posible descubrir las verdades de la
existencia de Dios y de la inmortalidad del alma. A la segunda, de la fe, como respuesta a unos
datos revelados. Esta comprensión añade un plus especial en sus compromisos y en su
recompensa.
Su mensaje a nivel popular, dirigido a la enseñanza en el tiempo se ha realizado a través del
catecismo, de la Historia Sagrada y ahora en la asignatura de religión, más en sintonía con el
carácter académico.
La asignatura de religión enseña a ser personas y a vivir como personas cristianas
El campo de su actividad es grande, lo mismo que sus fines, pero el espacio apremia, por eso
me detengo solamente en este aspecto, que enseña a ser y vivir como personas. Lo primero que
se pregunta es el conocimiento de su destinatario. ¿Quién es y cómo es la persona? Es un ser de
naturaleza espiritual, que tiene conciencia de sí mismo y que es libre. En esta línea de lo
espiritual, va a generar preguntas de difícil contestación. Inquietudes y deseos que le desbordan.
Verdades a las que no llega. Experiencias que no puede explicar. En boca de Séneca y San Pablo
esa contrariedad que experimentan –de hacer lo que no quieren y dejar de hacer lo que quieren(Rom 7, 14-25). Interrogantes, dudas acerca de la vida, de la muerte, del dolor y del
sufrimiento..., cientos de cosas que se le escapan a la sola razón.
La asignatura de religión, con modestia, puede aportar lo necesario a lo que le falta a la razón,
para dar unas respuestas válidas a estos interrogantes misteriosos.
La asignatura de religión le enseña a valorar la conciencia y la libertad de la persona. Sobre su
conciencia, le advierte que es la voz interior de una ley natural que Dios ha grabado en su ser. Le
enseña a formarla bien, para que pueda emitir juicios válidos y verdaderos, porque no todo es
igual.
De igual manera, le enseña a valorar su libertad, a usarla con medida y le advierte que la
libertad de una persona termina donde empieza la de la otra. Le descubre que toda libertad
implica el ejercicio de responsabilidad. Dicho de otro modo, todo derecho responde a un deber.
Incluso en alguna ocasión va más lejos, para marcar unos límites en su bien. La privación de algo
para bienes mayores. Varios ejemplos se pueden aducir. El caso de la venganza que satisfacía
incluso hasta los dioses, conduce a lo peor, a la destrucción. La envidia anda siempre flaca,
porque asimila lo que come y respecto de la gula y de lo sexual, funciones en sí buenas, cuando
se cae en el libertinaje se pagan serias consecuencias (Año Litúrgico. J. Hernández).
No es verdad que la asignatura de religión rechaza todo lo deleitable. Sí, fomenta el valor de la
renuncia y del sacrificio como caminos de felicidad. Quien pretenda buscarla fuera, por el
camino del vicio, del desorden, de la vanidad, no la encontrará nunca.
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