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Todo lo que fue su recinto está invadido por la vegetación. Posiblemente
se pudiera reconstruir, cómo era, previa la limpieza de su entorno. Su
piedra está empleada en la construcción de algunas casas de los pueblos de
alrededor y cerrando algunas fincas del lugar. En ellas se pueden ver
piedras o trozos de ellas con molduras talladas que constituían el conjunto
de un arco, de un friso... La denominación de este paraje se conoce con el
nombre de su titular.
Este monasterio dependía en su aspecto administrativo del monasterio de
Rioseco. Al que se le consideraba como la casa madre. Ambos estuvieron
ocupados por los monjes cistercienses. El año 1600 realiza un inventario
de sus propiedades, y hace constar la presencia del abad de la casa madre,
para que presida este trabajo. El documento comienza así:
“Presidido por el P. Abad del monasterio de Rioseco para inventariar
sus posesiones..." Algunas de las tierras de su propiedad se encuentran en
el término de Valdebezana, aunque son propiedad del pueblo citado”.
Creemos que el falso poseedor de la desamortización arrambla con todo
lo que poseía el monasterio: especialmente las obras artísticas: los retablos,
las esculturas y orfebrería de valor de la Iglesia. Cedió al pueblo algunas
fincas, propiedad de la comunidad religiosa, entre éstas: la "dehesa" un
bosque de madera de roble que los maderistas la compran para duela.
Fueron muchas más. No solamente en Valdebezana si no también en el
Alfoz de Bricia, cerca de Vallosera tenía propiedades. No se especifican
cuales fueron. A cambio según la tradición del pueblo deben prestar al falso
propietario algunos trabajos. Por este concepto los regala también unos
garrafones de vino.
No hace mucho tiempo se ha publicado un libro con el título de “El
Monasterio Cisterciense de SANTA MARIA de Rioseco. Historia y
Cartulario. Su autor Inocencio Cadiñanos.
Le dedica una página a este Monasterio de San Pedro de Celada. De él
transcribo lo siguiente:
“La granja de Celada se halló cerca de San Román, hoy denominada
comunidad de Celada por serlo de Villamediana, Arnedo y Quintanilla. En
1242 Fernando III cedía a Sancha Ibáñez, ama del infante D. Fernando mío
fijo...la mi casa de Sant Pedro de Celada”.
De dicha señora pasó a los monjes quienes la ampliarían con diversas
compras. Posiblemente se trata del mismo lugar yermo de Castilla la Vieja,
citado en el Becerro de las Behetrias. Le pertenecía al monasterio con sus
montes, prados, tierras y término redondo, con jurisdicción civil y criminal,
horca y cuchillo, alto, bajo, mero y misto imperio”. Por ello a su merino le
nombra el abad. No paga alcabala ni otro impuesto alguno. También
pertenecía a los monjes su Iglesia de San Pedro. A finales del siglo XVIII
seria profundamente remodelada por hallarse en completa ruina. En el siglo
XIX San Pedro era simple ermita.

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