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La granja era administrada desde el monasterio, aunque a través de cierto
granjero a quien se le permitía cortar en los montes y tener un cocino de
puercos. Desde el siglo XVI aparece arrendada al concejo de Arnedo por
períodos de 9 años. A mediados del siglo le estaba por 4.400 maravedíes.
En el siglo XVII ya ascendía a 40 ducados, 4 gallinas y media carga de pan
que se entregaba al párroco por la administración de los sacramentos.”
La desamortización fue menor en las Parroquias
En cantidades menores, como es comprensible, llegó hasta las parroquias
más humildes. ¿Repercutió algo en esta parroquia de Soncillo?, ¿cuáles
fueron sus efectos negativos? A gran escala, como acabamos de ver se
concentra en los conventos y monasterios que los religiosos tienen en
perfecto y justo derecho. Para estos políticos no cuenta. Deben
abandonarlos.
En el caso de las parroquias fue menor. Pero que se produjo es evidente.
Uno de los ingresos que poseen las parroquias para su subsistencia es el
procedente de las rentas de trigo, cebada, hierba, lino. Incluso, era muy
frecuente, que las fundaciones se hicieran sobre las rentas de las heredades,
cuando sus patronos carecían de herederos directos. Recuerden la que
instituye D. Juan Gallo de la Peña sobre los réditos de su casa de Madrid.
En la misma situación se encontraba la fundación de D. José Gómez
Salazar y su mujer. Se sostiene con las rentas de sus propiedades agrícolas.
¡Y qué casualidad! A partir de esta fecha se deja de pagar el canon del paso
del piso a la parroquia., Las fincas no se perdieron pero sus arrendatarios,
durante algunos años, dejaron de levantar aquellas cargas que tenían.
La tierra de "cobadas" debía de atender la iluminaría del Santísimo.
Unos años más tarde se regulariza la situación de las rentas y, el primer
año, hay un solo ingreso que llama la atención por lo curioso que resulta su
anotación: “donativos en concepto de trigo”. No es exacta la palabra
donativo cuando la renta fue expropiada. Es un pago en justicia. Así lo
entendieron los restantes renteros que con una conciencia más clara
volvieron a pagar: “en concepto de rentas”.
Continúan las dificultades
La Iglesia que acaba de sufrir esta situación de duro castigo, sin que
apenas se haya restablecido, se encuentra de nuevo en otra situación no
menos dura y perniciosa. Ahora es el exceso y desconsideración de unas
leyes ateas emitidas por la primera república el año 1873. Si la situación
anterior consistió en la apropiación indebida e injusta de sus bienes, la de
ahora, es una persecución directa contra las personas por el mero hecho de
creer en Dios. Se cometieron las mayores ignominias. Son unos días
extremadamente difíciles para ella, hasta el punto de que si quiere
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