la parroquia de soncillo.pdf

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a prepararos sitio para que donde yo estoy estéis también vosotros" (Jn. 14,
1-6).
La comunidad cristiana vive esta promesa en la parroquia pero no como
una burbuja que se encierra en sí misma, sino como un poco de levadura
que hace fermentar unas relaciones nuevas en la masa de la comunidad del
pueblo. Conforme a su fe en la palabra revelada, debe esforzarse por hacer
una comunidad más humana, más fraternal y más justa. En definitiva, un
pueblo mejor. Dicho con otras palabras y pasando de la intención y del
deseo a los hechos: "por sus frutos les conoceréis" (Mt 7, 16). Deben ser:
de verdad, de vida, de justicia, de amor, de paz y como miembros de una
familia: de fraternidad.
Una comunidad que vive estos compromisos establece entre sus
miembros los fundamentos más favorables para que de ahí surjan unas
relaciones de convivencia, amistad y prosperidad en el pueblo. Goethe,
pensador y escritor alemán, decía: "todas las épocas, en las que la fe
predomina, son épocas de gloria que elevan las almas y producen
ubérrimos frutos para el presente y el porvenir. Por el contrario las épocas
en las que ha prevalecido la incredulidad, no dejan en pos de sí más que un
resplandor pasajero de superficialidades".
Decir, por tanto, Soncillo, no es simplemente un nombre cualquiera ni la
pretensión de una arrogancia, es evocar inmediatamente una comunidad
parroquial, representada en la Iglesia material, como elemento constitutivo
del pueblo. Hasta el extremo de que un pueblo que careciese de Iglesia,
cabalmente, no se le conoce como tal. Por lo menos hasta la fecha de hoy.
Este edificio ha sido determinante en la vida del pueblo: un bien espiritual.
Casi todas las generaciones han puesto sus manos en él con el deseo de
conservarlo y hacerle más hermoso. Incluso su misma situación material
resulta ser el sitio más indicado, emblemático y, llamativo, no como signo
de ostentación sino como acceso fácil, visible del mejor servicio que pueda
prestar: como la casa de todos. Y como no, lo mejor porque es de todos. Es
el lugar que facilita el encuentro; por eso suele quedar en el centro del
pueblo y toda la población alrededor de la Iglesia.
El pueblo se entiende mejor desde la parroquia. Refuerza su identidad y
se articula mejor. Le revitaliza y le da consistencia porque sus vecinos
viven la vida espiritual que completa la persona humana, en su doble
vertiente de ciudadano de la tierra y del cielo. Esta es su propia razón de
ser y, naturalmente, de vivir. Otra cosa es, que la falta de su vivencia de fe
le impida obrar y conseguir los frutos espirituales y terrenos que nacen de
la misma raíz de aquella palabra que saliera de la boca de nuestro Señor
Jesucristo.
Esta vida espiritual se alimenta en la oración, en la participación de la
santa misa del domingo, día del Señor. En ella se pide perdón a Dios y al
hermano. Se pide también gracia y ayuda para ser mejores.
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