la parroquia de soncillo.pdf

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y desde nuestra fe en El, esta religiosidad, alcanza su plenitud absoluta. Se
encarna en la Parroquia que constituye la misma prolongación de su
persona divina.
Como es comprensible me refiero fundamentalmente a los feligreses.
Son ellos los destinatarios del escrito. Para ellos puede tener cierto interés
ya que su vida sumada y participada en el conjunto es como el eslabón de
la misma cadena.
Si bien es cierto podemos hablar de la misma comunidad con sus
perfiles, actividades y metas específicas de cada una. Al pueblo por el
lugar de su nacimiento y a la parroquia por el otro nacimiento espiritual en
ella. Al pueblo con las preocupaciones de aquí abajo, en la construcción de
la ciudad terrena (según San Agustín) y la parroquia con la sublimación de
esta ciudad, asumiendo estas preocupaciones terrenales, hasta llegar a la
ciudad celestial.
A la parroquia se le conoce también como una comunidad cristiana. A
ella se accede por la fe y el Bautismo. La fe en la palabra y en la persona de
Nuestro Señor Jesucristo que murió, resucitó y ascendió al Cielo. Que pasó
por la tierra haciendo el bien e instituyó la Iglesia en su persona. Y ahora
con la inserción de nuestro bautismo en Él y, por ello, en su Iglesia,
trabajamos para hacer ambas comunidades más felices, con la confianza de
alcanzar la unidad en su destino: el más allá de esta vida terrena y caduca,
transformada, gracias a Él, en espiritual y eterna. Y es que la fe en Cristo
crea una relación que transforma y, además, nos pone en paz con Dios y
con los hermanos.
Para ser nuestro Salvador asumió todo lo nuestro y a cambio nos dio el
poder ser hijos de Dios. Y lo realiza con este acto tan sencillo y sublime
como es el sacramento del Bautismo. Es el nuevo nacimiento a la vida
recreada que nos regala nuestro Señor Jesucristo. No le vemos con los
ojos de la cara pero su presencia espiritual, es real. Y así se hace nuestro
acompañante en el trayecto de esta vida cristiana en el tiempo que hemos
de transitar en la tierra.
Nuestros antepasados le hicieron su casa material, La IGLESIA. En ella
ha querido morar y desde ella estar presente y ser el vecino cualificado del
pueblo al que se le puede confiar los íntimos secretos de su vida. Sabemos
que El nos escucha y nos invita a que fuésemos a Él en nuestras
necesidades: “venid a mí los que estáis cansados y agobiados que yo os
aliviaré” (Mt 11, 28).
Él es la referencia de nuestro obrar en cristiano. Su palabra es luz y
norma que comprende la dimensión terrenal y espiritual de la persona.
Presenta su mensaje de vida para vivir aquí y al mismo tiempo genera la
esperanza de un destino eterno. Capaz de descubrirle con relativa facilidad
porque todos estamos marcados con un sentido de trascendencia: llamados
a vivir después de esta vida, conforme a la promesa de su palabra: "me voy
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