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Elecciones 2008. Muchas promesas
Naturalmente las elecciones generales por su misma naturaleza no
prescinden de los anuncios y mejores paraísos que los humanos podemos
soñar. Qué bien los políticos, con su oratoria, pretenden hacérnoslo creer.
Conociéndolos sabemos que la realidad es otra, y que de conseguir algo, el
trecho no es demasiado grande. En las elecciones anteriores, a estas últimas
pasadas, las promesas que nos hacían alcanzaban casi lo divino y lo
humano: Partían de algo muy concreto relacionado con los JUBILADOS.
El incremento muy considerable de las pensiones. En ese grupo nos
encontramos también los sacerdotes jubilados, aunque por circunstancias
bien conocidas de todos, seguimos en la brecha, casi hasta que el cuerpo
aguanta. El tope de edad que tenemos es de 75 años. La inmensa mayoría
se va quedando por el camino. De esta manera le ahorramos a las arcas de
la iglesia un buen dinero con nuestra jubilación. Seguimos prestando
nuestros servicios casi gratuitamente.
Pues bien, a los jefes políticos de ambos partidos se les hacía la boca
agua y rosas para decir bien alto y claro que los pensionistas en el año
citado cobrarían como mínimo 650 euros, el uno, y el otro la elevaba a 700
euros; si ellos llegaran a mandar. Ya no recuerdo de qué partido político
eran estas cantidades.
La intención era muy hermosa y laudable y según los entendidos en este
campo se expresaron también de que la riqueza de España en aquellos
momentos daba para algo más. O por lo menos, para atender toda clase de
servicios sociales y, también la pensión de jubilación suficiente en
cualquiera de las residencias más baratas que hubiera. Pues bien, no se
cumplen ni la una ni la otra expectativa.
Estas pensiones se vienen actualizando de una forma lineal según el IPC
de la vida. El total asciende a muy poco. Al margen de la excepcionalidad
del año, alguien piensa que queda margen para nuevas revalorizaciones. Y
es que este grupo ha cotizado a los regímenes de la seguridad social más
de 25 y 31 años. Y sólo pensar que la subida actual que se pretende ha
supuesto una tercera parte más, es muy revelador. Estas son sus promesas.
¿Por qué no se hizo antes? Tampoco se entiende la diferencia existente
entre los que cotizaron once, doce o quince años, solamente; con los que
pasaron incluso de treinta o más años. Está muy bien la subida, pero estas
equiparaciones por abajo, es poco menos que repartir la pobreza. En el año
2008 cobré la primera nómina de la pensión de jubilación que ascendía a
527 euros. La promesa tres años más tarde, para cuatro, asciende a unos
pocos euros mas.
Todos estos grupos que se unen por su escasa pensión, podemos decir
con toda verdad que siempre, han sido pacíficos y, eso es muy bueno, lo
que por ello, no quita, sin embargo, que en alguna situación haya tenido el
riesgo de que alguien desaprensivo se haya aprovechado de esa actitud
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