la parroquia de soncillo.pdf

Vista previa de texto
llevados por los aires de un progresismo superficial, se encuentran bastante
cómodos dejándolo tal cual.
Esta crítica se refiere fundamentalmente a los que mandan. Sin embargo,
los que no mandan, algo debieran decir, sino al otro partido; sí, a los
ciudadanos con los que ellos se comprometieron también. Pero no, su
estado silente, sin quererlo, les está dando la razón; según el axioma de que
“quien calla otorga”. Entonces estaban muy de acuerdo en las
revalorizaciones. Ahora siguen estándolo: “en el no es posible”. De lo
contrario no tendría sentido su silencio.
El creyente sensato
Los tiempos que corren, aunque dejan prever pocas ilusiones en lo
material; los creyentes por nuestra misma identidad de serlo, somos las
personas de la esperanza. Cada día son más los que saben dar razón de su
fe de tejas arriba y de tejas abajo, con los pies en el suelo, tocando lo
material y temporal de cada día. Hemos disminuido bastante en la cantidad
de cristianos, sobre todo si nos fijamos en algunas estadísticas acerca del
cumplimiento dominical pero hemos ganado en mucha calidad. Y con
relación a sus raíces cristianas, creo que están bastante fuertes y en
situaciones de apuros y dificultades, fácilmente se orientan a la Iglesia y a
Dios.
El campo en el que nos movemos es amplísimo, cuajado de toda clase de
opciones. Las más diferentes e incomprensibles. Cada uno puede ver las
cosas de una manera. Así somos los humanos. Y de ahí que podamos
encontrar personas muy distintas con principios y valoraciones diferentes o
contrarios a los nuestros, en todo lo relacionado con la vida. Incluso “en y
con” manifiesta oposición verbal con pensamientos cristianos.
Naturalmente es comprensible que otros piensen lo contrario y lo defiendan
con argumentos justos. Como también debe ser comprensible la respuesta
de los que estamos en el otro campo, el de la Iglesia, en la defensa de
nuestra postura cristiana. Faltaría más, que nosotros por el mismo precio no
lo pudiéramos hacer.
Este hecho se está dando y seguirá aumentando. Es comprensible. Se
están venciendo muchas reticencias ante estas formas de hablar en contra
de los creyentes alegando comportamientos injustos, muchas mentiras y no
pocos desprecios. Claro, todo esto tiene un límite ante lo que muchas
personas se enfrentan, y además con razón. Sí; hoy podemos hablar, gracias
a Dios, de la mayoría de edad de un número considerable de creyentes que
han superado con valentía su silencio y defienden respetuosamente su
sentido cristiano de la vida y la misma actuación de la Iglesia.
No hace muchos días un feligrés de la parroquia sostuvo una discusión
con otra persona. El argumento central se reducía simplemente al tópico
famoso de la riqueza de la Iglesia. Su patrimonio inmenso y algunas otras
205
