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pacífica para no escucharlos y, por ello, su legislación laboral quedara tal
cual. Éstas son las consecuencias.
Alguien pudiera preguntarse ¿por qué tanto interés en este tema de las
pensiones? En principio porque es algo justo y cuando las diferencias son
tan notables con relación a otros grupos es porque ha fallado algo, que
puede desbordar nuestra preparación, pero que algo no se ha hecho bien. Y
en segundo lugar los sacerdotes con nuestra pensión de jubilación
constituimos un grupo grande que liberamos en gran parte la economía de
la Diócesis.

Siguen los desmanes de los políticos
Como muestra de este poco interés generalizado, si bien es cierto, en
otro contexto diferente: con motivo de las elecciones del año 2008, el
partido socialista promete una recompensa de 400 euros a los electores, si
gana las elecciones. Y, efectivamente, las ganó, pero a la hora de la verdad
y, sin una miaja de escrúpulos, en cuanto a su promesa con los más pobres,
maneja caprichosamente sus palabras para perjudicar intencionadamente a
los más desfavorecidos. Se alinea con los ricos, disponiendo como requisito
imprescindible, que para hacer efectiva esta gratificación se debe ganar
como mínimo la cantidad de 22.000 euros al año. ¡Qué ejemplo el de un
partido que se precia ser de los pobres! ¡Qué hubieran dicho si esto lo
hubiera hecho otro partido que no fuese el de los pobres!
¿Puede darse un contrasentido mayor en su ideología práctica que
proclama la inversión en gastos sociales y en ayuda de los más
necesitados? No ha sido así, señores socialistas. Uds. no ayudan a los más
pobres, por lo menos en este caso y, además, mienten. Se están moviendo
en una franja superior de los mileuristas a los que atienden con cuidado.
Es lamentable el silencio de otros organismos afines: como los sindicatos
haciendo caso omiso de semejante injusticia. Ni una palabra. Es de suponer
que ellos también pasan de la cantidad establecida como norma.
Pues no es de recibo. Y lo haga quien lo haga, debe primar su decencia.
¡Vaya si se merecían su crítica! Pero no, ni una palabra. Nunca pensé hasta
donde podía llegar tanta dependencia. ¡Vaya coherencia entre lo que ellos
dicen y hacen!
Efectivamente, estas promesas se quedarán en una vana ilusión. Bien
sabemos que en política cabe todo. Que el blanco de la mañana puede ser
negro a la tarde, pero fueron unas promesas hechas con tanta rotundidad y a
porfía de los dos partidos mayores que tenía visos de alguna esperanza. No
fue así. Y en parte todo sigue igual.
La razón es bien sencilla. De una manera general, salvo excepciones, no
les interesa afrontar cabalmente esta realidad. A unos porque en su forma
de pensar no encaja. A otros, posiblemente les resulte indiferente, ya que

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