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que nos ocupa en este caso, como en tantos otros relacionados con el
aspecto religioso: bien sea la educación, la retirada de crucifijos, la
celebración de funerales cristianos... La condición de religioso, católico,
para amplios sectores de la izquierda produce de inmediato un rechazo
frontal.
Algo que con palabras mas precisas bien pudiéramos denominarlo,
aunque parezca fuerte como una inquisición laical. De hecho ante
situaciones y comportamientos diferentes en tiempos no muy lejanos, así se
conocían los dictámenes de la Iglesia valorados por algunas gentes.
Recordamos las varas de medir...
El Presidente del Congreso de Diputados, que en su día lo fuera, D.
Alfonso Coronel de Palma, en sus diversas intervenciones, calificó el
actual, como los anteriores: “un foro de debate y encuentro para todos los
católicos. La presencia cultural de la Iglesia en la sociedad actual, no es lo
influyente que debiera, puesto que esta sociedad no apuesta por la cultura
cristiana y de hecho lo cristiano no sale en la foto más importante”.
En esta línea recojo el testimonio del director del teatro español, D.
Gustavo Pérez Puig: “La cultura cristiana vive un momento difícil porque
hay muchos que pretenden que no exista. Afortunadamente está muy
arraigada en nuestro país”.
Pero aun va más lejos este proceder militante. En 2008 con motivo de las
elecciones generales y a cuenta de una nota, documento, que emite la
conferencia episcopal y, que en situaciones similares a ésta, lo viene
realizando desde hace años, dirigiéndose a todos, pero como es
comprensible, en particular a sus fieles católicos; se la rechaza y a cuenta
de esta nota debe aguantar toda clase de insultos y amenazas: la penúltima,
la del secretario de organización del partido socialista, Don José Blanco,
que haciendo de adivino, antes de las elecciones y, que por cierto, acertó,
dice: “se revisarán los acuerdos con la Iglesia”. La gente sencilla se
preguntaba: ¿qué clase de acuerdos son ésos?”. En la actualidad no hay
ninguno de carácter económico importante ya que lo que recibe es en
concepto de asignación tributaria y ésta depende de quienes ponen la cruz
en su declaración de la renta.
En esa nota –aclara el documento- “solo queremos iluminar las
conciencias de quienes nos escuchan”. No pretendemos imponer nada y
respetamos las ideas de quienes piensan diferente. Lo nuestro es obrar
según el mensaje evangélico y ejercitar la caridad.
Juzgue Vd. y forme su opinión sobre este proceder político.
No debe ser otra, que la de una actuación radicalmente opuesta a la
misma deontología que profesa, practica y enseña la mejor democracia.
Pero por encarnación en una persona nuestros juicios deben basarse no
tanto en la persona cuanto en lo que manifiesta con sus actos, cargados de
su incapacidad de sensibilidad para descubrir las necesidades de sus
mandados y satisfacerlas debidamente.
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