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caprichos, robos, mentiras, cobardías hasta los más aviesos sectarismos...
¡Cuántas cosas negativas! y ¡qué ejemplo nos dan!
Nuestra petición es justa y no nos cansaremos de decirlo, incluso si
queda a nuestro alcance de denunciarlo: queremos políticos honrados. Por
desgracia, de una manera muy particular pero excesivamente grande, nos
llama la atención de todo lo que estamos viendo y oyendo de sus
actuaciones. Por supuesto nada edificantes El mal servicio a la `política de
estas personas insensatas y superficiales que la mancillan y denigran.
¡Cuántas cosas negativas! Lo que aun sorprende mucho más es que pasan
unos pocos días y nadie vuelve a recordarlo.
Al principio de este año de 2012, los medios de comunicación hablaban
de 700 políticos enredados en actuaciones ilícitas entre los dos partidos
mayoritarios. Me resisto a comentar la porquería de sus actos. Más o
menos, a partes iguales. Pero por lo desconocido y llamativo dejo
constancia de un engaño político acaecido últimamente en Andalucía. Está
relacionado con los “ERES FALSOS”. Su amplitud puede ser grande. En
este caso se trata de unas prejubilaciones anticipadas de personas dadas de
alta, desde el día de su nacimiento, en alguna empresa que jamás la habían
pisado.(divulgado por los medios de comunicación) Y por si fuese poco,
según la estadística de valoración activa de empleo acercándose a los seis
millones de parados.
Resulta escandaloso este proceder y no puedo por menos de apostillar
unas líneas para expresar el descontento y la vergüenza ajena que sentimos
de semejantes personas indignas. Todos queremos que nuestra democracia
sea buena. ¡Qué bonito eso del gobierno del pueblo para el pueblo! ¡Cuánto
lo deseamos! ¿No habrá algún medio para evitar estos casos? ¿Que los que
no son dignos tengan acceso a esta actividad?
Santo Tomás de Aquino, una de las mentes más prodigiosas que han
existido, gran personaje humano y, además santo, teólogo y filósofo, toca
otros campos del saber, entre ellos: la política, de la que dice que es “una
ciencia, un arte y una virtud”. Unidas las tres en la persona generan el
político ideal, el que todos desearíamos.
Es la perfección en el ser humano. Puestos a pedir y, además, con el
derecho que nos asiste que no quede. ¿Es mucho pedirles y exigirles...? Tal
vez sí; pero cuando su proyección social y pública se relaciona en este
campo con los demás, siempre es poca nuestra exigencia. Deben ser los
mejores. Tampoco es lícito que sucediera en su vida particular. Se debe
luchar contra todo mal, bien sea público o privado.
No vale la justificación de que se actuaba con ignorancia.
Comentándolo con un señor de la parroquia me decía que existen formas
de evitarlo y que el mal radicaba en la mala administración de la
democracia que permite, incluso obliga, a votar a grupos, entiéndase a
distintos partidos políticos, en lugar de votar directamente a las personas.
Propuesta de listas abiertas. La conclusión es bien sencilla, si la política
tiene como objeto inmediato el bien de la persona; mal lo puede llevar a
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