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cabo aquel que no es sembrador de obras buenas. Y en segundo lugar se
corregiría bastante si se procediera a segunda votación, no manipulada por
los políticos, cuando la primera no ha sido suficientemente mayoritaria. Se
conoce como segunda vuelta. Algo que en casi todos los países
democráticos europeos y de otras latitudes se procede de esta manera.
Todo esto, en el fondo de la cuestión, radica en el mejor deseo de los
políticos de “acercar el poder a los ciudadanos”. No lo niegan. Lo mismo
que su actuación basada en los valores morales. Luego a la hora de la
verdad les falta la fuerza suficiente para ponerlo en práctica. ¡Dejaría de ser
política...!
Es lamentable que en este aspecto, como es la búsqueda y la elección de
las personas mejores sucedan estas cosas. Que este razonamiento sea tan
fácil de entender y tan difícil de llevarlo a la práctica. No se entiende. O
mejor dicho habrá otra clase de intereses menos claros...
Todo ello nos permite pensar que la política se degrada y que se deben
tomar medidas apropiadas para su corrección. Ellos las deben proponer
como leyes y sobre todo con su estricto cumplimiento.
No es válida la callada por respuesta, ni tampoco debe considerase
exagerado. Decía Unamuno que el ser humano por su misma naturaleza se
expresa así para afirmar el sentido crítico del que goza nuestra justa razón.
A este respecto recojo las palabras de un santo acerca de este sentido
crítico de la persona con el que Dios le ha dignificado y la responsabilidad
que tiene si deja de ejercerle: “el infierno está lleno de bocas cerradas”.
Me sincero recordando que estas líneas no me han sido nada fáciles de
escribir pero mi recuerdo agradecido al que fuera Sr. Obispo de Santander,
D. Juan Antonio del Val, natural de la Lora, con el lema que grabó en su
escudo episcopal: “Veritatem Facientes in Caritate” (... A los que practican
la verdad en la caridad.) Aquí el vale todo no se entiende. Le corrige y
denuncia ya que es algo que dimana de una sociedad carente de valores y
principios morales. La verdad por encima de todo; si bien es cierto,
matizada y avalada por la caridad. Por ello me he sentido aliviado.
Finalmente procede recordar nuestra obligación nacida de las mismas
palabras del Señor cuando habla de la corrección fraterna (Mt. 18,15-20)

Demasiada ideología laicista
Esta desatención que se viene arrastrando, en todo lo que a la Iglesia se
refiere, no ha mejorado, tal vez tal vez ha empeorado algo por una
ideología demasiado laicista. Si en circunstancias normales no se entiende
este proceder cuando se enjuicia desde una postura equilibrada, y
ecuánime, máxime en una época de libertades y garantías como la nuestra,
cuanto menos asistidos por estas razones. Sencillamente nos quedamos
sorprendidos viendo que la realidad es otra. Ante lo cual no podemos por
menos de criticarlo. Siguen existiendo los mismos prejuicios de siempre: el
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