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Hoy de todas las parroquias que sirvo solo hay tres en las que se pueden
escuchar esos toques tan hermosos. Como se dice sencillamente con su
“toque a muerto”
Su toque acompasado con el doble ritmo que va consiguiendo de sencillo
y armonioso en el inicio de repiques pasa a un desarrollo agitado y fuerte
en la vibración del sonido de la campana como si fuesen esas voces de
urgencia que reclaman de inmediato su escucha. Es la atención que
reclaman de algo importante. Muy hermoso su sonido por la contribución
que nos ofrece de elevarnos con sus voces por encima de algo normal.
Hoy a falta de estas personas se sustituye con la música electrónica
enlatada, como es el caso de esta parroquia. Pero vaya diferencia con aquel
que tocaba el campanero. Menos es nada y, con esto, aun siendo poco
pero muy digno, nos conformamos.

Hoy a falta del sacristán: los fieles
Lo que acabo de decir del sacristán fue algo muy común en casi todas las
parroquias. Era normal que dispusieran de esta persona. Gozaba de su
ayuda para todo lo relacionado con la Iglesia especialmente con las
celebraciones litúrgicas. Sin duda alguna fue una gracia de Dios para su
honra y alabanza y una ayuda considerable al sacerdote. En el transcurso de
la historia de la Iglesia estas ayudas se han canalizado de distintas formas.
Al principio lo constituían aquel grupo de señoras religiosas que servían y
atendían gratuitamente las necesidades de la Iglesia. Cuidaban de su
limpieza, de la atención a los necesitados e incluso dirigían algunos rezos a
su alcance. En aquel momento se las conocía como diaconisas.
Ahora la realización de muchos de estos servicios se encuentra también
al alcance de un grupo de laicos o señoras comprometidos desde su fe. Las
opciones existentes de hoy se han ampliado, de ahí que cada vez sean
mayores las actividades de los fieles creyentes... En el transcurso de la
Iglesia, de una manera especial después del Concilio Vaticano II en el
decreto sobre el apostolado de los seglares cuando habla de su vocación se
ha regularizado esta actividad a la vez que establece la razón de obrar de
este comportamiento, el Cuerpo místico de Cristo, que es la IGLESIA,
“todo el cuerpo crece según la operación propia de cada uno de sus
miembros” (Ef. 4, 16).
En nuestra parroquia no podía faltar este grupo dispuesto a ser miembros
activos de este cuerpo espiritual cooperando en las actividades que se
encuentran a su alcance. Figuran de una manera especial las señoras que lo
hacen muy desinteresadamente. Anteriormente y por otros conceptos las he
citado. El grupo de cooperación sigue ampliándose. Hay tarea para todos.
El tajo de trabajo es grande. Y su capacidad no menor.
Por ello la parroquia se siente agradecida. El grupo de cooperadoras es
mucho más amplio. Sus buenas cualidades han quedado manifiestas, sobre
todo la de su fe y entrega a la parroquia. En otros aspectos religiosos como
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