la parroquia de soncillo.pdf

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Fue una persona que hizo mucho bien. Que contribuyó a que los fieles
rezaran con más atención y las celebraciones litúrgicas fueran más vivas y,
si cabe, más gratificante espiritualmente, guardando todo el respeto que se
merecen.
Sólo he conocido dos sacristanes de los de antes. Uno cuando era niño,
en mi pueblo natal y el segundo en una de mis antiguas parroquias.
Recuerdo de él su fe, su vivencia cristiana. Dios para él lo era todo y su
presencia la vivía tan cercana como el aire que respiraba.
Conservo otra vivencia que él experimentó y, que en mi vida sacerdotal
me hace mucho bien. El motivo fue una enfermedad muy grave que le dejó
en coma profundo. Le duró varios días. Después de bastante tiempo superó
aquella situación. En ese intervalo le administré el sacramento de la Unción
de enfermos. Externamente no manifestaba ninguna consciencia.
Aparentemente la comunicación con el exterior estaba rota. Digo
aparentemente porque cuando se recuperó de aquella situación le pregunté
si recordaba algo de aquella tarde que estuve rezando con él. Su
contestación fue categórica: "A Vd. le reconocía y le oía mejor que ahora".
Lo que manifiesta que internamente era muy consciente de todo. Desde
entonces aprendí la lección de que pueden existir situaciones en estado de
coma que mantienen su consciencia a pesar de estar en contra de las
mayores evidencias.
Me desborda una explicación, pero entiendo lo grande y misteriosa que
es la persona humana por ser imagen y semejanza de Dios.
El campanero de la parroquia
Últimamente ha ostentado este cargo con toda la dignidad de su buen
hacer la Señora Rosa, conocida familiarmente en el pueblo como “Cuca” y
finalmente su sobrino Francisco Fernández. Hoy que en paz estén ambos.
Con ellos se ha extinguido la saga de campaneros de la parroquia. Su
sobrino era un verdadero artista tocando. En los repiques del toque de
difuntos les hacía tan seguidos y armoniosos que distinguiéndose bien,
cómo el sonido era de percusión de unas campanas, daba la impresión de
que fuese el de un instrumento de viento.
Hasta hace no muchos años había un campanero en todas las parroquias.
Hoy de todas las que sirvo solo lo conservan tres en las que se pueden
escuchar esos sonidos de las campanas, como se dice coloquialmente, con
su “toque a muerto”. Digno de un recuerdo especial por su arte en el
manejo de las campanas fue Víctor, que en paz esté, de la parroquia de
Cubillos. Es el mejor campanero que he conocido, decían de él que hacía
hablar las campanas y era cierto. En el mundo hay artistas de todo y para
todo. No debieron faltar los campaneros en este arte religioso.
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