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últimos años. Normalmente estas discrepancias han nacido en el
pensamiento de la izquierda política. No quita sin embargo, que haya
excepciones muy hermosas y edificantes. Por otras razones diferentes de
cierto relativismo moral toca las conciencias de otras personas. Por
supuesto todo el mundo tiene su perfecto derecho a expresarse según sus
propias convicciones. Y así sucede. Pues hemos llegado a un estado de la
comprensión de la libertad que le honra al ser humano y que solo lo
alcanza cuando goza de ella...
Es cierto que los tiempos en que vivimos resultan más problemáticos y
cualquier decisión al respecto puede ser objeto de crítica. Referente a las
retribuciones que la Iglesia ha venido recibiendo, desde finales de la guerra
civil, se han interpretado muy mal. Como dadivas meramente graciosas
Últimamente estas retribuciones han sido objeto de aceradas críticas contra
la Iglesia. Hoy se ha cambiado el sistema. En su lugar le dedico un
capitulo.
Posiblemente la inmensa mayoría desconocía la razón de estas
retribuciones y las veía como caprichos y recompensas graciosas generadas
de una dictadura. No es verdad. Por si a alguien se le ha olvidado, reitero
una vez más, que fue una compensación en justicia, por unos bienes que
otra familia política cien años antes le había usurpado a la Iglesia. Recuerda
el capítulo de la desamortización. No era una riqueza ostentosa en
detrimento de los pobres. Todo lo contrario en aquella época los necesitaba
para atender unas necesidades de tipo social, como era la sanidad, con sus
hospitales; la educación, con sus colegios, asilos y hospicios, conocidos
como inclusas. En definitiva estaba realizando lo que a la parte civil, con su
poder político y económico le correspondía y no lo hacía. Y lo suplía la
Iglesia atendiendo a los más necesitados.
Hoy carece de estos compromisos y se queda fundamentalmente con su
misión espiritual y algo de carácter social, en su dimensión de caridad,
atendiendo a marginados, drogadictos y necesitados, en definitiva y, en
especial, en todo aquello que los gobiernos se ven desbordados. Si no lo
hace la Iglesia, por lo menos hasta ahora y, en una gran parte, se quedaría
sin hacer.
Al margen de estos gastos extraordinarios que nacen exclusivamente por
su misma razón de ser, del ejercicio de la caridad que la Iglesia predica y
debe practicar, necesita de unos recursos normales para su mantenimiento.
Pues bien, a estos señores que tanto les ha venido molestando la ayuda a
la Iglesia; les ocurrió algo parecido. Ellos perdieron sus bienes en la guerra,
pasando a manos del Estado. Pero finalizada la dictadura se les devolvió su
patrimonio, previo un balance económico estimativo de su valoración
incluyendo además, con mucha generosidad, los daños y perjuicios
causados.
Se dijo que las indemnizaciones fueron justas. Y así sería, a juzgar por su
silencio.
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