Emanuele Ruspoli (1).pdf


Vista previa del archivo PDF emanuele-ruspoli-1.pdf


Página 1...7 8 9101123

Vista previa de texto


significativos, conseguir así el prestigio para obtener una audiencia con el príncipe Cuza-Voda y lograr ganar su confianza.
Emanuele que aceptó sin dudar la misión que Italia le confiaba, recibió entonces
una carta personal del rey Víctor Emmanuel II para entregar directamente en las manos
del príncipe Cuza-Voda y fue provisto de un elegante guardarropa de hábitos civiles,
divisa y cartas de crédito. Nadie, ni siquiera de su familia, pudo estar al corriente de la
misión.
Emanuele era un lector asiduo deseoso de incrementar su cultura, por lo que se
proveyó de una pequeña biblioteca que incluía libros de historia, de ciencias políticas y
de poesía. Cuando estuvo listo, se embarcó en Génova directo a Salónica y desde allí, a
través de Grecia y Bulgaria llegó a Rumania. Fueron en total doce días de viaje, la mitad
por mar y la otra en carruaje. El viaje preveía un día de parada en el Pireo, que le permitió visitar la Acrópolis de Atenas. Recordando sus estudios clásicos, recorrió de nuevo
las huellas de la ciudad de Pericles y quedó fascinado por las ruinas que hoy todavía son
testigo de la grandeza de una cultura que dio origen a nuestra civilización.
El atravesamiento de Bulgaria fue de escaso interés, pero al final alcanzó la orilla meridional del Danubio, el río más largo que hubiera jamás conocido y que cruzó
con el trasbordador que conectaba Giurgiu a Rose.
En primavera el campo le pareció acogedor, muy verde por los campos de trigo
aún sin dorar por el sol y lleno de flores de los albores de ilimitados frutales. Sin embargo Bucarest, sobre todo en su periferia meridional, le pareció como un suburbio muy
amplio, con casas la mayoría de madera de dos o tres plantas, alineadas a lo largo de
calles estrechas y tortuosas. Pero al llegar al centro de la ciudad, descubrió al contrario,
un fervor de obras, con numerosas construcciones de mampostería de estilo neoclásico.
Los arquitectos e ingenieros de la nueva Bucarest habían cursado sus estudios en la École Polytechnique de Paris y se inspiraban en ejemplos franceses contemporáneos.
Así también la gente de buen nivel social estaba impregnada de la cultura francesa y hablaba perfectamente aquel idioma. ¡Se puede decir casi que el rumano se utilizaba solo para dar órdenes a la servidumbre!
Para Emanuele había sido reservado un apartamento en el Bucuresti Grand Hotel, elegante y decorado con gusto, que estaba localizado casi en frente del palacio real.
La llegada del ilustre huésped despertó curiosidad e interés, no solo porque era
extranjero, en aquel tiempo había muy pocos por Bucarest, sino porque era europeo, un
rebelde romántico y un perseguido político.
Digno vástago de la sangre errante de Mario Escoto, Emanuele no se preocupó
para nada y en seguida se convirtió popular con la buena sociedad de Bucarest, que se
consideraba occidental, pero tenía marcadas características orientales. Además el hecho
que Emanuele no podía regresar a su ciudad porque la policía pontificia le habría detenido en seguida, despertaba una fuerte emoción. En aquel país griego-ortodoxo un católico en contra del papa era muy admirado y respetado casi como un héroe. En palacio
real Emanuele se enteró que el príncipe no podía concederle audiencia hasta su regreso
a Bucarest, pues estaba ocupado con un viaje de dos meses por las provincias del reino.
Después de largas dominaciones del imperio Otomano antes y de los Habsburgo
después, las provincias liberadas carecían completamente de los servicios esenciales y
estaban muy mal administradas. Apenas se había empezado un proceso para crear la
estructura administrativa del nuevo estado y la pobreza de la clase campesina hacía serpear aquí y allá movimientos sediciosos. El príncipe Cuza-Voda era amado por ser artífice de la independencia y con su presencia y sus promesas, inflamaba los ánimos y
despertaba el orgullo nacional.