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Durante un bombardeo austriaco, su batería
de obuses de campaña quedó sin oficiales: muertos
el capitán y el teniente y gravemente herido el tercer oficial. Había que ajustar le tiro para luchar contra el fuego de los cañones enemigos, pero excepto
por los oficiales, ningún subordinado entendía de
trayectorias y de alcances de tiro. Emanuele había
destacado entre los demás artilleros por su educación superior y fue natural que ante el enfurecimiento de la batalla, le fue pedido que tomara el
mando de la batería.
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Entonces mandó elevar unos grados más
los obuses para no golpear el campo de batalla, sino
más atrás, la batería de los cañones austriacos. La
maniobra tuvo éxito y la artillería enemiga fue silenciada. Fue así que le promovieron a teniente en
el acto y posteriormente le ordenaron ir a Turín
para un curso de seis meses en la Escuela de Estudiantes para Oficiales.
Cuando regresó al frente, participó al sitio y la conquista de Civitella del Tronto, ganando una medalla al valor. Sirvió al ejército durante cuatro años luchando las
batallas del Resurgimiento y estas experiencias sirvieron para formar su carácter disciplinado, duro y autoritario. Fue entonces cuando su padre Bartolomé, que debido a la
explosión cercana de una granada había sufrido una grave lesión que le había dejado
paralítico de cintura para abajo, lo mandó trasladar al mando de la segunda división,
gracias a sus méritos como heroico combatiente y gran patriota que le habían ganado la
amistad del general duque Eugenio de Carignano, un Saboya primo del rey Víctor Emmanuel II. Al comando de la división, Emanuele se encontró nuevamente con su padre
que no veía hace mucho e intentó disimular su emoción, así como su horror al verle tan
disminuido. Bartolomé se dio cuenta y sintió una gran ternura: pero eran hombres fuertes y valientes, así que se abrazaron y empezaron a relatar sus reciprocas aventuras militares.
Después de esto, fueron recibidos por el general. Este, después de los saludos
habituales, así habló a Emanuele: «Capitán Ruspoli, estoy informado de su currículo
militar y me complacen el sentido de disciplina, honor y bravura que usted ha demostrado en cada ocasión. Pero, sin quitar nada a sus méritos militares, considero que en
este momento puede usted ser más útil a su país de una forma distinta, más delicada y
probablemente más difícil. Me explico: el presidente Minghetti me ha pedido de elegir
un oficial digno de una misión de confianza. No puede emplear un diplomático, en efecto, debido al máximo secreto de la misma misión. El País necesita una persona que tenga los requisitos siguientes: oficial en licencia, soltero, inteligente, posiblemente aristócrata y sobretodo bilingüe: su padre me ha informado de su conocimiento perfecto del
francés. Si usted acepta, le concederé en seguida la licencia y le enviaré en seguida a
Turín, donde el presidente Minghetti en persona le informará de todos los pormenores.»
Emanuele se sintió orgulloso y curioso. Pero, por encima de cualquier otra consideración era un buen patriota, dispuesto a servir a su país de cualquier modo le fuera
pedido. Así que contestó: « Agradezco, señor general, sus expresiones de estima y me
declaro dispuesto para servir a la Patria hoy y siempre con todas mis capacidades.»
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Emanuele Ruspoli, alcalde de Roma y diputado del Parlamento.